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  <subtitle>silver TFA-404953-C</subtitle>
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  <updated>2003-11-11T00:04:02Z</updated>
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    <title>NaNoWriMo Day #10</title>
    <published>2003-11-11T00:04:02Z</published>
    <updated>2003-11-11T00:04:02Z</updated>
    <lj:music>Taproot - Poem</lj:music>
    <content type="html">hmmm hoy no encontr&amp;#233; el tiempo necesario para escribir todo lo que quer&amp;#237;a, pero bueno, al menos unas cuantas palabrejas. en total, 11407. jijiji voy MUY por detr&amp;#225;s de lo que deber&amp;#237;a... a ver si ma&amp;#241;ana le  meto de nuevo el diente al asunto. por cierto, esto apesta xD&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La nube gris oscuro que hab&amp;#237;a visto sobre Madrid desde su ventana se hab&amp;#237;a expandido en el cielo hasta formar un manto negruzco del que ya goteaba l&amp;#237;quido que amenazaba con empapar su atuendo de plumas. Kina se revolvi&amp;#243; inquieta sobre el lomo del p&amp;#225;jaro, tratando infructuosamente de cubrirse con alguna pluma m&amp;#225;s larga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Se me va a mojar esta maravilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los tres &amp;#225;ngeles guardianes restantes abandon&amp;#243; su lugar en la retaguardia hasta colocarse justo sobre la cabeza de Kina, extendiendo sus alas para juntar las puntas con su pico y formar un c&amp;#237;rculo perfecto. Las patas se juntaron en una sola y se extendieron junto a la mano enguantada de Kina, que agarr&amp;#243; el mango de zafiro y se cubri&amp;#243; con el perfecto paraguas g&amp;#243;tico. Las plumas deb&amp;#237;an tener alg&amp;#250;n recubrimiento especial que repel&amp;#237;a el agua. El turquesa exterior era m&amp;#225;s oscuro que el interior, claro como el cielo en un d&amp;#237;a soleado, un efecto que la aislaba completamente de la lluvia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kina se cubri&amp;#243; completamente con el paraguas, dejando apoyar la circunferencia inferior sobre el lomo del p&amp;#225;jaro que la llevaba en volandas. Las plumas a su alrededor comenzaron a mecerse, a levantarse y llenarse de brillos de diferentes colores para formar un paisaje en constante movimiento. El exterior hab&amp;#237;a desaparecido y ya s&amp;#243;lo exist&amp;#237;a el interior de ese peculiar paraguas. Un cielo de zafiro trasl&amp;#250;cido coronado por un sol de oro macizo, pero del oro dorado, no del blanco. De oro blanco estaban hechas las escasas nubes que salpicaban el conjunto, sobre las que de vez en cuando pasaba la silueta de uno de los min&amp;#250;sculos p&amp;#225;jaros de amatista que surcaban la b&amp;#243;veda. La zona inferior estaba formada por un campo de esmeraldas con flores de rub&amp;#237; que abr&amp;#237;an sus p&amp;#233;talos una a una conforme Kina las miraba. Amapolas y rosas rojas como la sangre, rojas como el rub&amp;#237; que se licuaba al marchitarse las flores y resbalaba por el prado esmeralda como un r&amp;#237;o, delineando su lecho hasta encontrarse con el pelaje del p&amp;#225;jaro sobre el que estaban. Hermoso contraste el rojo de los rub&amp;#237;es con el zafiro aturquesado de su vestido. Kina extendi&amp;#243; la mano izquierda hacia el paisaje, no sin antes detenerse en admirar lo delicado del guante y del anillo, y pos&amp;#243; el dedo coraz&amp;#243;n sobre uno de los riachuelos que corr&amp;#237;an alegres. Las plumas que lo formaran cedieron a su ligera presi&amp;#243;n como hubiese hecho el agua, aunque de forma algo m&amp;#225;s compacta. Kina se mir&amp;#243; el dedo y distingui&amp;#243; un reflejo rojizo en las hebras del guante, un reflejo l&amp;#237;quido que poco a poco se iba solidificando hasta convertirse en peque&amp;#241;as gotas de rub&amp;#237;, duras y fr&amp;#237;as como las piedras que realmente era. Frot&amp;#243; la yema del anular con el pulgar de la misma mano sobre la palma derecha y las piedrecitas cayeron con un fresco tintineo. Rub&amp;#237;es. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &amp;#191;Quieres un anillo de rub&amp;#237;es?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A su espalda, sobre la b&amp;#243;veda, se hab&amp;#237;a formado un arbusto de esmeralda algo m&amp;#225;s oscura que la que formaba el prado, con dos ramitas que sobresal&amp;#237;an unos cent&amp;#237;metros. En cada una de ellas estaban posados los dos &amp;#225;ngeles guardianes que quedaban, su silueta recortada por una fina l&amp;#237;nea plateada sobre el cielo de zafiro. Kina observ&amp;#243; los rub&amp;#237;es en la palma de su mano y pens&amp;#243; que eran las piedras m&amp;#225;s hermosas que hab&amp;#237;a visto nunca. Mam&amp;#225; no ten&amp;#237;a rub&amp;#237;es, al menos ella nunca hab&amp;#237;a visto esas piedras brillantes que parec&amp;#237;an palpitar como corazones microsc&amp;#243;picos en ninguna de sus joyas. Mampoco es que mam&amp;#225; tuviese muchas joyas. Tres o cuatro anillos que ella recordase, alg&amp;#250;n collar, un broche con una esmeralda que hab&amp;#237;a pertenecido a su abuela. No ten&amp;#237;a pendientes porque siempre llevaba puestos los mismos, un arito plateado en cada oreja. Kina descubri&amp;#243; en ese preciso instante que adoraba los pendientes. por primera vez en su vida sinti&amp;#243; la imperiosa necesidad de buscar un alfiler y atravesarse el l&amp;#243;bulo derecho primero, el izquierdo despu&amp;#233;s, para presumir de lo que su madre siempre se hab&amp;#237;a negado a proporcionarle: pendientes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ya decidir&amp;#225;s si quieres hacerte los agujeros cuando seas mayor, cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya era mayor. Ya quer&amp;#237;a ponerse unos pendientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El p&amp;#225;jaro posado en la rama superior del arbusto tom&amp;#243; un impulso del que Kina no fue consciente hasta que sinti&amp;#243; su afilad&amp;#237;simo pico atraves&amp;#225;ndole el l&amp;#243;bulo derecho. La sorpresa hab&amp;#237;a impedido el dolor, s&amp;#243;lo un ligero entumecimiento comenzaba a propagarse por toda la oreja. Centrada estaba en sentir en su interior el orificio reci&amp;#233;n practicado cuando un segundo pico la atraves&amp;#243;, esta vez en el l&amp;#243;bulo izquierdo. &amp;#201;ste hab&amp;#237;a dolido algo m&amp;#225;s, pero Kina sonri&amp;#243;. Se llev&amp;#243; la mano libre hacia las heridas y se frot&amp;#243; los dedos sobre la palma derecha. Un sinf&amp;#237;n de piedrecitas rojas se mezclaron con las que ya ten&amp;#237;a. Otras se quedaron adheridas al guante izquierdo, se perd&amp;#237;an en las plumas y navegaban por ellas en busca del anillo en su dedo anular, al que se fundieron, desapareciendo un breve instante antes de resurgir en c&amp;#237;rculos perfectos a intervalos regulares. Kina levant&amp;#243; la mano sobre el campo de esmeralda para observar el efecto. Un anillo de rub&amp;#237;es. Maravilloso. Centr&amp;#243; la mirada en las piedras que hab&amp;#237;an comenzado a arrastrarse por su palma derecha, formando dos hileras paralelas de piedras cuadradas. Una pluma se desliz&amp;#243; desde su lugar en el guante hasta colocarse entre ambas hileras, se dividi&amp;#243; en dos y cada una de sus partes engarz&amp;#243; uno de los conjuntos de rub&amp;#237;es, curvando el extremo. Pendientes de rub&amp;#237;es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con una facilidad imposible, Kina los situ&amp;#243; en sus respectivos orificios, uno en el l&amp;#243;bulo derecho, uno en el izquierdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Maravilloso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;</content>
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    <title>NaNoWriMo Day #9</title>
    <published>2003-11-09T20:51:34Z</published>
    <updated>2003-11-09T21:05:27Z</updated>
    <lj:music>Depeche Mode -  Walking in my shoes</lj:music>
    <content type="html">y esto es lo de hoy. 10475 palabras! he superado la barrera de las 10000!!! w007! esto merece una celebraci&amp;#243;n &amp;gt;D un chupito de vodka para la nenaaaaaa&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Os miro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El p&amp;#225;jaro que hab&amp;#237;a hablado ahuec&amp;#243; las alas, dejando entrever dos patitas con tres dedos cada una tambi&amp;#233;n azules, pero brillantes. Como si estuviesen hechas de zafiro. Kina sab&amp;#237;a c&amp;#243;mo eran los zafiros porque mam&amp;#225; ten&amp;#237;a un anillo con zafiros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mira, Kina. El oro no siempre es dorado. F&amp;#237;jate. Esto es un anillo de oro blanco. Y estas piedras son zafiros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Azules como el mar aquella tarde que dejaron Denia durante las &amp;#250;ltimas vacaciones de verano juntos, cuando Dani a&amp;#250;n ven&amp;#237;a con ellos. Dos a&amp;#241;os atr&amp;#225;s. Desde entonces, Dani exig&amp;#237;a quedarse en casa porque sus amigos estaban en Madrid, no en Denia. Porque ten&amp;#237;a que ensayar y su grupo no estaba en Denia, sino en Madrid. Porque estaba harto de irse de vacaciones con su familia, como bien sab&amp;#237;an todos. Ese mes de julio hac&amp;#237;a dos a&amp;#241;os hab&amp;#237;an alquilado un apartamento en primera l&amp;#237;nea de playa. Bajabas del edificio, dabas dos pasos, cruzabas una calle y ya estabas en la playa. Kina ten&amp;#237;a seis a&amp;#241;os reci&amp;#233;n cumplidos ese agosto y no recordaba demasiado aquellos momentos de juegos en la arena, pero hab&amp;#237;a una imagen que no la hab&amp;#237;a abandonado: el mar. Pero no el mar cualquier d&amp;#237;a de ese mes, no. El mar que se encontr&amp;#243; al bajar la persiana de su habitaci&amp;#243;n, mientras mam&amp;#225; la llamaba desde la puerta porque se iban ya, porque su padre las estaba esperando con el coche abajo. Kina permaneci&amp;#243; junto a la ventana con la persiana subida durante unos segundos que a mam&amp;#225; le parecieron horas por la insistencia con la que la segu&amp;#237;a llamando. No pod&amp;#237;a bajarla, no a&amp;#250;n. Era de d&amp;#237;a, aunque el sol ya no estaba en lo m&amp;#225;s alto. Algunas nubes blancas correteaban por el cielo. Y all&amp;#237; estaba &amp;#233;l, el mar. Siempre lo hab&amp;#237;a visto azul claro, azul turquesa, gris&amp;#225;ceo transparente o una mezcla de todas esas tonalidades. Ese d&amp;#237;a, esa tarde, en ese preciso momento, no se asemejaba a nada que pudiera recordar. Azul intenso, azul a&amp;#241;il casi, un azul profundo que gritaba desde sus profundidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ven. Ven a conocerme. Lo est&amp;#225;s deseando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Kina no pod&amp;#237;a quedarse, no pod&amp;#237;a responder a su llamada, ir a conocerlo, porque mam&amp;#225; la llamaba desde la puerta y mejor bajaba la persiana ya y sal&amp;#237;a corriendo o su padre subir&amp;#237;a a buscarla. Los zafiros del anillo de mam&amp;#225; hipnotizaban de la misma forma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, el anillo ten&amp;#237;a otra peculiaridad mucho m&amp;#225;s apasionante. El oro. No era dorado, no. Era de un color plata macizo que amenazaba con grabar en su mente que dos y dos bien pod&amp;#237;an ser cinco. O seis, o treinta. La maestra aseguraba que si a dos le sumabas dos, el resultado eran cuatro. Pero Natalia tambi&amp;#233;n afirmaba que el oro, s&amp;#237;mbolo de la distinci&amp;#243;n, era dorado. Y aqu&amp;#237; estaba mam&amp;#225; con su anillo en el dedo &amp;#237;ndice de la mano izquierda, mostr&amp;#225;ndoselo, asegur&amp;#225;ndole que aquello era oro. S&amp;#237;, era oro. Al igual que todo lo que Kina daba por sentado pod&amp;#237;a ser prefectamente de otra forma, pod&amp;#237;a incluso ser lo opuesto. Ser ambas cosas a la vez, lo que era, y lo que tambi&amp;#233;n era. La realidad reflejada en un espejo con diferentes filtros, todos v&amp;#225;lidos y todos brillantes como las patas del p&amp;#225;jaro que hab&amp;#237;a hablado, con las alas ahora curvadas siguiendo la forma de su cuerpo, algo separadas de &amp;#233;l, dando saltitos de alf&amp;#233;izar en alf&amp;#233;izar hasta plantarse en el contiguo al de Kina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al contrario de lo que hab&amp;#237;a cre&amp;#237;do en un principio, el p&amp;#225;jaro no estaba ciego. A cada lado de su carita ovalada ten&amp;#237;a dos min&amp;#250;sculos zafiros, o lo que Kina cre&amp;#237;a que deb&amp;#237;an ser zafiros, brillantes como sus patas, que se hab&amp;#237;an fijado en ella y la miraban atentamente. La escrutinaban. Zafiros sin p&amp;#225;rpados, sin pupilas, pero a esa distancia tan vivos como el ojo de cualquier humano o animal. El plumaje turquesa no era uniforme. La franja central del p&amp;#225;jaro, donde nac&amp;#237;an la salas, era la zona m&amp;#225;s clara. El color se oscurec&amp;#237;a conforme el plumaje se dirig&amp;#237;a hacia las patas y hacia la cabeza, lugares en los que se fund&amp;#237;a con el azul de los zafiros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kina se impuls&amp;#243; con los codos para recostar la barriga sobre el alf&amp;#233;izar de su ventana y poder mantener el equilibrio con un solo brazo. Alargo el derecho hacia la ventana contigua despacio, muy lentamente, atenta a cualquier reacci&amp;#243;n del p&amp;#225;jaro. No quer&amp;#237;a que se asustara, quer&amp;#237;a acariciar sus plumas. El animal no se movi&amp;#243;. Lade&amp;#243; la cabeza al ver la mano de Kina m&amp;#225;s cerca y se dej&amp;#243; tocar todo el costado derecho. Emiti&amp;#243; un sonido interno que Kina interpret&amp;#243; de placer y separ&amp;#243; ligeramente la mano para mezclar sus dedos con el plumaje turquesa del ala bajo su mano. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El p&amp;#225;jaro se zaf&amp;#243; de la mano de Kina y extendi&amp;#243; sus alas, en su totalidad. M&amp;#225;s de dos metros que sorprendieron a Kina y a Sekhmet, que se hab&amp;#237;a aupado a su lado en el alf&amp;#233;izar. Se volvi&amp;#243; a mirar al gato y hacerle un gui&amp;#241;o c&amp;#243;mplice con un dedo sobre los labios para luego encaramarse completamente a la ventana y, primero una pierna, despu&amp;#233;s la otra, sentarse a lomos del p&amp;#225;jaro y aferrarse a su cuello con ambas manos. Los compa&amp;#241;eros de su montura volaron hasta ellos y se colocaron alrededor, cuatro &amp;#225;ngeles turquesas en cada esquina de sus inmensas alas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Madrid. Madrid era inmensa bajo ella. Nunca la hab&amp;#237;a visto desde una perspectiva tan espacial, salvo una vez que subi&amp;#243; con mam&amp;#225; a la azotea del edificio en el que trabajaba. No recordaba el n&amp;#250;mero de pisos que hab&amp;#237;an subido en el ascensor, s&amp;#243;lo que le hab&amp;#237;a parecido interminable el ascenso. Las lucecitas del panel de control se encend&amp;#237;an una tras otras a intervalos regulares en amarillo, ese amarillo que te hace una radiograf&amp;#237;a de la mano si la colocas encima. Puedes ver a trav&amp;#233;s de ella en tonos rojizos, las zonas m&amp;#225;s oscuras las de los huesos y tendones. Verte a ti mismo en modo fantasma, atravesado por la luz, por la luz de un ascensor. Si esa luz pod&amp;#237;a traspasarnos, qu&amp;#233; no podr&amp;#237;a hacerlo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La azotea del edificio de oficinas estaba repleta de casetas, sus puertas cerradas con enormes candados y con unos carteles que con letras rojas te ped&amp;#237;an que no entrases. No lo ped&amp;#237;an, lo exig&amp;#237;an. Deb&amp;#237;an suceder cosas terribles dentro. Igual dentro hab&amp;#237;a gente a la que atravesaban como la hab&amp;#237;a atravesado la luz del ascensor. Kina imagin&amp;#243; mil horrores hasta que la visi&amp;#243;n de Madrid se le incrust&amp;#243; en los ojos cuando mam&amp;#225; la acerc&amp;#243; a la verja met&amp;#225;lica que las separaba de la nada. Madrid era grande. No hab&amp;#237;a l&amp;#237;mites en el horizonte, solo casas y m&amp;#225;s casas, barrios y m&amp;#225;s barrios, partes altas de edificios entre los que deb&amp;#237;a haber miles de personas caminando. Miles no, cientos. Mirase donde mirase, la vista de Kina solo abarcaba Madrid. Desde ese punto en la azotea, &lt;br /&gt;adrid ocupaba espa&amp;#241;a entera, de punta a punta. Desde los Pirineos hasta Huelva, desde Denia hasta La Coru&amp;#241;a siempre bordeando la costa. Era imposible que se acabase antes, Madrid. Ten&amp;#237;a que ser una ilusi&amp;#243;n el ver campos y peque&amp;#241;os pueblos cada vez que viajaba en el coche de su padre. A trav&amp;#233;s de la ventanilla del coche, Kina ve&amp;#237;a c&amp;#243;mo sal&amp;#237;an de Madrid, c&amp;#243;mo su ciudad se terminaba, ten&amp;#237;a un fin, y daba paso al resto de Espa&amp;#241;a. No. Era una ilusi&amp;#243;n. La realidad era el infinito desde esa azotea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hay dos Madrides, Kina. La que ves desde aqu&amp;#237;, y su reflejo bajo tierra. Nos movemos igual por la superficie que por debajo, y ninguna de esas dos Madrides podr&amp;#237;a existir sin la otra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No. Hab&amp;#237;a tres Madrides. Se lo contar&amp;#237;a a mam&amp;#225; la ma&amp;#241;ana siguiente, cuando fuesen juntas a comprar cositas para Sekhmet en la tienda del Madrid superficial, a la que llegar&amp;#237;an gracias al Madrid subterr&amp;#225;neo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No, mam&amp;#225;. Hay tres Madrides. Solo que nadie llega a sentir el tercero. Para hacerlo tienes que despegar los pies de las azoteas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un Madrid a&amp;#233;reo con una visi&amp;#243;n hermosa de su hom&amp;#243;nima superficial, al contrario que la visi&amp;#243;n que ofrec&amp;#237;a la subterr&amp;#225;nea de tuber&amp;#237;as y tierra, de oscuridad y cables. Desde el lomo turquesa, las nubes se estrellaban suavemente contra la frente de Kina, que ten&amp;#237;a fijos los ojos en la sucesi&amp;#243;n de edificios bajo ella. Una tras otra, las azoteas pasaban veloces. En ellas habr&amp;#237;a gente, gente que miraba la cuidad como hab&amp;#237;a hecho ella con mam&amp;#225; tiempo atr&amp;#225;s, gente que no conoc&amp;#237;a la tercera dimensi&amp;#243;n de la ciudad en la que pasaba sus d&amp;#237;as. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kina trat&amp;#243; de fijarse en cada una de las azoteas que dejaban atr&amp;#225;s, a ver si reconoc&amp;#237;a la de ese edificio de oficinas, pero era demasiado dif&amp;#237;cil. Todas, algunas m&amp;#225;s altas que otras, parec&amp;#237;an iguales. Pod&amp;#237;a ser cualquiera de ellas, incluso pod&amp;#237;an estar volando en direcci&amp;#243;n contraria. Kina no se orientaba a&amp;#250;n en la primera dimensi&amp;#243;n, y mucho menos en la reci&amp;#233;n descubierta tercera dimensi&amp;#243;n. A la hora de recorrer madrid, Kina ten&amp;#237;a que dirigirse a la segunda dimensi&amp;#243;n, pagar el ticket correspondiente y dejar que el metro la llevase hasta su destino. Alg&amp;#250;n d&amp;#237;a lo har&amp;#237;a sola, cuando mam&amp;#225; considerase que ya era lo suficientemente mayor. Con ocho a&amp;#241;os pod&amp;#237;a haber reclamado sus derechos, pero, la verdad, no ten&amp;#237;a ganas. No sent&amp;#237;a la necesidad de tener esa independencia por la que tanto hab&amp;#237;a gritado Dani. No hab&amp;#237;a luchado por ella, no hab&amp;#237;a demostrado nada. S&amp;#243;lo palabras, exigencias de libertad ante un cruel estado de sitio en su propia casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Alg&amp;#250;n d&amp;#237;a estar&amp;#225;s en mi lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Kina no se imaginaba a s&amp;#237; misma plantando cara de aquella forma a sus padres. Dani era distinto, m&amp;#225;s agresivo. Ella dejar&amp;#237;a que fuera mam&amp;#225; quien decidiera el momento adecuado para cada cosa. Porque pedirle algo a mam&amp;#225; no supon&amp;#237;a ning&amp;#250;n trauma. El problema era ped&amp;#237;rselo a su padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su padre. Se iba a enfadar como un demonio si entraba en su dormitorio y ve&amp;#237;a que no estaba. Sentr&amp;#237;a crecer en ella un poquito de esa rabia que tanto hab&amp;#237;a escupido Dani, rabia porque era consciente de la que la esperaba al volver a casa, rabia porque su padre no la iba a creer cuando le dijera d&amp;#243;nde hab&amp;#237;a estado, rabia porque no quer&amp;#237;a tener que dar ning&amp;#250;n tipo de explicaici&amp;#243;n.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No tienes por qu&amp;#233; volver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las palabras del p&amp;#225;jaro sorprendieron a Kina, ensimismada como estaba reteniendo cada azotea en su retina. Era cierto. No s&amp;#243;lo el hecho de que no tuviera que volver, sino que nada le dec&amp;#237;a que fuera a poder volver. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kina desvi&amp;#243; la mirada de Madrid al p&amp;#225;jaro sobre el que volaba. Las plumas eran suaves como el abrigo de aquella vecina del portal de enfrente, Carolina. Mam&amp;#225; no la soportaba. Dec&amp;#237;a que era una entrometida, una fisgona, una cotilla y una mala persona. Con Kina siempre se hab&amp;#237;a portado bien, le daba caramelos y la dejaba acariciar a Cuqui, su perrito pequin&amp;#233;s. Era un perro feo como pocos hab&amp;#237;a visto en su corta vida, pero era simp&amp;#225;tico. Ven&amp;#237;a corriendo hacia ti en cuanto te ve&amp;#237;a, menando el rabito, hasta que la correa con la que lo sujetaba Carolina no daba m&amp;#225;s de s&amp;#237; y se quedaba en tensi&amp;#243;n. Entonces Cuqui se pon&amp;#237;a a dos patas y saltaba, la lengua fuera, deseoso de alcanzarte y poder llenarte de lametones. Era curioso ver la diferencia entre un perro y un gato. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es la misma que entre hombres y mujeres. Por algo tenemos un gato en casa, Kina. Ya tengo bastante con aguantar a dos hombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carolina siempre dec&amp;#237;a que Cuqui era el animal m&amp;#225;s cari&amp;#241;oso sobre la faz de la tierra, que ten&amp;#237;a que pedirle a mam&amp;#225; que le comprase uno porque una ni&amp;#241;a peque&amp;#241;a necesita cari&amp;#241;o, mucho cari&amp;#241;o, y los gatos como el de mam&amp;#225; no dan cari&amp;#241;o. Kina le replicaba que no era cierto, que Sekhmet era tanto o m&amp;#225;s cari&amp;#241;oso que Cuqui. Cierto que Sekhmet no se te abalanzaba encima cuando llegabas a casa, no te llenaba de lametones, no trotaba a tu alrededor haci&amp;#233;ndote la fiesta. No. Sekhmet era mucho m&amp;#225;s sofisticado que eso. Sekhmet ten&amp;#237;a el glamur de su due&amp;#241;a, de mam&amp;#225;, algo inalcanzable para un perro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pelaje de Sekhmet tambi&amp;#233;n era mucho mas suave que el de Cuqui, otro punto a favor. No se imaginaba estar sentada en el sof&amp;#225; viendo la tele con Cuqui encima, esa leng&amp;#252;ecilla babosa siempre fuera pring&amp;#225;ndote la mano con la que tratas de acariciarle el hocico. Tener a Sekhmet en el regazo era muy distinto. Un bulto calentito y suave, suav&amp;#237;simo, ronroneando una nana que adormec&amp;#237;a los sentidos. Tan suave como el abrigo de Carolina, eso no pod&amp;#237;a negarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es vis&amp;#243;n, ni&amp;#241;a. Car&amp;#237;simo. T&amp;#243;calo, ver&amp;#225;s que suave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era suave, s&amp;#237;. Kina trataba de imaginar el precio que pod&amp;#237;a tener ese abrigo car&amp;#237;simo y se imaginaba a mam&amp;#225; envuelta en &amp;#233;l, tan guapa como era y adornada adem&amp;#225;s con ese abrigo. Todo el glamur de mam&amp;#225; resaltado por el vis&amp;#243;n, el oro blanco y los zafiros. Una princesa de cuento. Kina acarici&amp;#243; el plumaje con todos sus sentidos concentrados en las manos. Ojal&amp;#225; pudiera hacer un vestido con esas plumas para mam&amp;#225;, regal&amp;#225;rselo y verla preciosa con &amp;#233;l, reluciente, resplandeciente, con los ojos brillantes, maquillada como una reina. Las plumas ondeando entre el turquesa y el azul zafiro alrededor de su cuerpo, a juego con el anillo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los cuatro &amp;#225;ngeles turquesa abandon&amp;#243; la formaci&amp;#243;n protectora y se elev&amp;#243; sobre ellos. Kina s&amp;#243;lo fue consciente cuando not&amp;#243; la fr&amp;#237;a piedra de sus patas en la espalda, posadas con suavidad cerca de los ri&amp;#241;ones. Con las manos a&amp;#250;n perdidas entre el plumaje del lomo, gir&amp;#243; la cabeza para observar al p&amp;#225;jaro, que extendi&amp;#243; las alas hasta cubrirla por completo y rodearla con ellas, ci&amp;#241;&amp;#233;ndose a su cuerpo a&amp;#250;n sin curvas, fundi&amp;#233;ndose pluma a pluma, redondeando las l&amp;#237;neas rectas. Una segunda piel de vis&amp;#243;n que no lo era, sino plumas aguamarinas con un oscuro brillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El p&amp;#225;jaro parec&amp;#237;a ahora mucho m&amp;#225;s peque&amp;#241;o bajo su cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kina se mir&amp;#243; las manos, ahora enfundadas en sendos guantes de encaje formado por plumas min&amp;#250;sculas, delicadas. Bajo el derecho pod&amp;#237;a distinguir una pluma enroscada en el dedo anular, un anillo. Las zapatillas de andar por casa hab&amp;#237;an desaparecido y en su lugar llevaba puestos un par de botas casi planas, un ligero tac&amp;#243;n que les daba un aire m&amp;#225;s distinguido. Unas medias de fina pluma turquesa le cubr&amp;#237;an las piernas hasta la mitad del muslo. Un vestido de ensue&amp;#241;o con escote de v&amp;#233;rtigo, sin resultar excesivo, se deslizaba sinuoso por sus voluptuosas curvas. Se llev&amp;#243; los guantes al pelo y descubri&amp;#243; una diadema formada por dos plumas largas entrelazadas, un sinf&amp;#237;n de plumas mucho m&amp;#225;s peque&amp;#241;as intrincadas formando una celos&amp;#237;a indescifrable. Kina hubiera matado por un espejo. Una princesa oscura. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No le importaba no poder volver a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;</content>
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    <title>NaNoWriMo Day #7</title>
    <published>2003-11-09T20:39:58Z</published>
    <updated>2003-11-09T20:39:58Z</updated>
    <lj:music>Depeche Mode - In Your Room</lj:music>
    <content type="html">tendr&amp;#237;a k haber posteao esto hace dos d&amp;#237;as, pero ya, weno, la perra de m&amp;#237;... guau guau XD&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su cuarto estaban bajadas las persianas una cuarta parte de la ventana, las cortinas echadas, como hac&amp;#237;a mam&amp;#225; siempre antes de irse a trabajar para que el calorcillo que dejaba el sol de la ma&amp;#241;ana mantuviese c&amp;#225;lido el ambiente. A ello tambi&amp;#233;n contribu&amp;#237;an las cortinas naranjas que hab&amp;#237;an colgado el a&amp;#241;o anterior. El sol, al atravesarlas, inundaba la peque&amp;#241;a habitaci&amp;#243;n de un naranja m&amp;#225;s cercano al ladrillo que a la fruta. Kina se acerc&amp;#243; a la ventana y apart&amp;#243; unos cent&amp;#237;metros una de las cortinas de la zona donde besaba a su compa&amp;#241;era para ver el exterior. La franja de luz m&amp;#225;s clara descompensaba la atm&amp;#243;sfera del dormitorio, as&amp;#237; que Kina se peg&amp;#243; al cristal, se cubri&amp;#243; la espalda con la cortina y levant&amp;#243; un poco m&amp;#225;s la persiana para poder mirar hacia el cielo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parte del techo madrile&amp;#241;o estaba azul, pero una gran nube gris oscura se hab&amp;#237;a aposentado sobre uno de los barrios y amenazaba con reptar por las azoteas para cubrir toda la ciudad. A Kina le gustaba la lluvia. Hab&amp;#237;a noches en que abr&amp;#237;a a escondidas el cristal de la ventana, una peque&amp;#241;a rajita, para que algo del frescor de fuera entrase con ella. Alguna vez hab&amp;#237;a tenido que levantarse corriendo a cerrarla y luego secar a escondidas el suelo y parte de las cosas que ten&amp;#237;a sobre la mesa. Pero merec&amp;#237;a la pena. Incluso las rega&amp;#241;inas de su padre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kina peg&amp;#243; bien la nariz al cristal, una mancha m&amp;#225;s cuando luego se despegase, para observar la nube. Hab&amp;#237;a p&amp;#225;jaros revoloteando tres o cuatro ventanas a su derecha, pero el &amp;#225;ngulo no la dejaba verlos con claridad. As&amp;#237; que corri&amp;#243; el cristal en su totalidad, asom&amp;#243; la cabeza a trav&amp;#233;s de las cortinas para asegurarse de que su padre y Dani segu&amp;#237;an en la cocina, y tom&amp;#243; impulso con las manos en el alf&amp;#233;izar para poder sacar la mitad del pecho por la ventana y llegar a ver los p&amp;#225;jaros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;All&amp;#237; estaban. No eran negros, como le hab&amp;#237;a parecido en un principio, aunque s&amp;#237; ten&amp;#237;an algunas plumas de ese color. Eran azulones, un azul turquesa m&amp;#225;s turquesa que azul, y parec&amp;#237;an no tener ojos. Ser&amp;#237;an tambi&amp;#233;n azules, por eso daban la impresi&amp;#243;n de estar ciegos. Kina se apoy&amp;#243; sobre los brazos para estar m&amp;#225;s c&amp;#243;moda en su postura sobre el alf&amp;#233;izar y observ&amp;#243; a los p&amp;#225;jaros con m&amp;#225;s detalle. Eran tres. Grandes, muy grandes. De hecho, parec&amp;#237;a que aumentaban de tama&amp;#241;o poco a poco, como si creciesen...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &amp;#191;Qu&amp;#233; miras, ni&amp;#241;a?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kina parpade&amp;#243;. El p&amp;#225;jaro m&amp;#225;s peque&amp;#241;o de los tres, posado en el alf&amp;#233;izar del edificio contiguo, hab&amp;#237;a girado la cabeza como un b&amp;#250;ho y la miraba desde su cara ciega, el pico entreabierto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;</content>
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    <title>NaNoWriMo Day #6</title>
    <published>2003-11-07T17:11:58Z</published>
    <updated>2003-11-07T17:11:58Z</updated>
    <lj:music>福山雅治 -  Sakura Zaka</lj:music>
    <content type="html">all&amp;#225; va, la primera parte del cap&amp;#237;tulo 3... a ver si ara me vuelve la inspiraci&amp;#243;n de ayer y avanzo un poquito. argh&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi mam&amp;#225; es la mejor mam&amp;#225; del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;T&amp;#237;pico pensamiento infantil tambi&amp;#233;n arraigado en Kina, para cumplir con el estereotipo de ni&amp;#241;a de 8 a&amp;#241;os. Se estaba bien en casa, sin colegio, a solas con mam&amp;#225;. Solo hab&amp;#237;a podido disfrutar de esos momentos cuando era muy peque&amp;#241;a, algo que l&amp;#243;gicamente no recordaba, y ya de mayor cuando les daban vacaciones en el colegio. El problema de esta &amp;#250;ltima opci&amp;#243;n era que tanto su padre como Dani estaban tambi&amp;#233;n en casa, as&amp;#237; que, pens&amp;#225;ndolo bien, nunca habi&amp;#225; podido disfrutar de su madre a solas, comprobar que sus enso&amp;#241;aciones acerca de lo maravillosa que era no estaban equivocadas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mam&amp;#225; era maravillosa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuatro d&amp;#237;as con ella. Las dos, solas en casa con Sekhmet y, de vez en cuando, retazos de la radio o la televisi&amp;#243;n para aderezar el silencio. Cuatro d&amp;#237;as compartiendo el aire de cada habitaci&amp;#243;n, las aceras de la calle camino del supermercado, del parque. Cuatro d&amp;#237;as para comprender que la locura que gritaba todo el mundo a los cuatro vientos no era tal, sino un encanto que le daba ese aire de alta sociedad que tanto le gustaba a Kina. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la mesa quedaban dos trozos de la tortilla de jam&amp;#243;n y queso para la que ella hab&amp;#237;a ayudado rompiendo la c&amp;#225;scara de los huevos y ech&amp;#225;ndolos en un bol. El bol verde que hab&amp;#237;an comprado mam&amp;#225; y ella el d&amp;#237;a antes en el todo a cien. Hab&amp;#237;a querido batirlos tambi&amp;#233;n, pero se hab&amp;#237;a tenido que conformar con ver a la experta hacerlo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ojal&amp;#225; mam&amp;#225; se quedase en casa tambi&amp;#233;n por las tardes, con ella. Dani solo ven&amp;#237;a a comer, luego se encerraba en su habitaci&amp;#243;n antes de salir corriendo vete a saber d&amp;#243;nde. Nunca se lo dec&amp;#237;a. Tener a Dani era como no tener hermano, ser hija &amp;#250;nica. Sekhmet era m&amp;#225;s hermano para Kina que el propio Dani, un desconocido bajo el mismo techo, alguien que s&amp;#243;lo le dirig&amp;#237;a la palabra si no hab&amp;#237;a m&amp;#225;s remedio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- P&amp;#225;same el cuchillo del pan, anda. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dani. Un hermano que te hablaba para pedirte el cuchillo y cortarse un trozo de pan, partirlo por la mitad, meter en medio esos trozos de tortilla que se hab&amp;#237;a apartado en el plato, hincarle el diente con estilo. No conoc&amp;#237;a a ese chico vestido de negro que le hab&amp;#237;a pedido el cuchillo, pero sab&amp;#237;a que ten&amp;#237;a estilo. Mucho m&amp;#225;s que aquellos chicos que iban con &amp;#233;l cuando se cruzaban por la calle. Se notaba. Al fin y al cabo, Dani era su hermano, hijo tambi&amp;#233;n de mam&amp;#225;, y ya estaba empezando a demostrar que hab&amp;#237;a heredado ese glamur especial y arrebatador que el resto llamaba locura. No era locura. Dani no estaba loco. Mam&amp;#225; tampoco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el colegio les hac&amp;#237;an pintar. Con la caja de Faber Castell que le hab&amp;#237;an tra&amp;#237;do los reyes dos navidades atr&amp;#225;s, Kina pintaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hoy hareis un dibujo de vuestras familias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al menos una vez al mes hac&amp;#237;an dibujos de sus familias. Para nunca olvidarse de lo mucho que se quiere a la familia, dec&amp;#237;an los profesores. Kina siempre dibujaba a mam&amp;#225; con los l&amp;#225;pices rojos y amarillos. Rojo para dibujarle el cuerpo, amarillo para rodearla de un aura dorada que la hiciera resplandecer como la estrella que es. No era f&amp;#225;cil retratar a mam&amp;#225;, pero la caja de lapiceros de colores ten&amp;#237;a una gama de tonalidades tan inmensa que la dificultad se hac&amp;#237;a menos dif&amp;#237;cil y se convert&amp;#237;a en apasionante. El pelo, por los hombros, de un rojo m&amp;#225;s intenso que el resto de la cara. Los ojos de ese rojo casi marr&amp;#243;n. Los labios, rojos como la sangre del lapicero situado justo en el centro de la gama de rojos. Era el ritual, siempre que hab&amp;#237;a que dibujar a la familia. El cuerpo, sin embargo, variaba en cada ocasi&amp;#243;n; siempre rojo, pero lo intenso o lo suave de la ropa, de los adornos de la ropa, de las manos, de las piernas, de los pies, del cuello, todo variaba en funci&amp;#243;n de c&amp;#243;mo hubiese visto Kina a mam&amp;#225; esa misma ma&amp;#241;ana, mientras desayunaba en la cocina el taz&amp;#243;n de leche con cacao y las dos galletas de rigor. Hab&amp;#237;a ma&amp;#241;anas que mam&amp;#225; se dejaba el pijama puesto: rojo tenue para evocar los restos del sue&amp;#241;o que se agolpaban a&amp;#250;n en ella. Otras, mam&amp;#225; ya llevaba tiempo levantada y se hab&amp;#237;a vestido: rojo fuerte para atraer la actividad y la frescura matutina. El lapicero utilizado para trazar los labios serv&amp;#237;a tambi&amp;#233;n para dar consistencia a la cicatriz que le cruzaba el cuello desde justo debajo de la oreja hasta la nuez. Mam&amp;#225; era hermosa y esa cicatriz la hac&amp;#237;a a&amp;#250;n m&amp;#225;s si cab&amp;#237;a. Los amarillos llegaban al final, mezclados con los dorados. Alrededor de la figura rojiza, Kina dibujaba siempre una segunda silueta a escasos mil&amp;#237;metros de la primera con el dorado rey de la caja, para luego difuminar la impresi&amp;#243;n de aura estelar degradando el oro hasta llegar al amarillo m&amp;#225;s claro. Estelar, de estrella. Mam&amp;#225; era una estrella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero los profesores no parec&amp;#237;an pensar lo mismo que Kina. Siempre la obligaban a tomar el resto de colores de su caja y dibujar al resto de su familia. Entonces, Kina cog&amp;#237;a el negro tiz&amp;#243;n, el m&amp;#225;s negro negr&amp;#237;simo de toda su caja, y dibujaba a Sekhmet a la izquierda de mam&amp;#225;, negro como la noche cada vez que le apagaban la luz del cuarto para dormir. Sekhmet dorm&amp;#237;a con mam&amp;#225;, pero algunas noches se escabull&amp;#237;a de la cama de matrimonio para colarse en el cuarto de Kina, arrebujarse con ella bajo las s&amp;#225;banas, su suave pelaje roz&amp;#225;ndole la barbilla, y dormirse ronroneando pl&amp;#225;cidamente. Era bonito dormir abrazado a alguien. Cuando a&amp;#250;n ten&amp;#237;a pesadillas, Kina corr&amp;#237;a a la cama de sus padres, pero &amp;#233;l siempre la echaba de all&amp;#237; gritando que ya era mayorcita para asustarse de las pesadillas. Dani tampoco quer&amp;#237;a en su cama a una ni&amp;#241;a asustada. S&amp;#243;lo Sekhmet se acurrucaba con ella para darle calor y decirle aqu&amp;#237; estoy, Kina, cuenta conmigo, no tengas miedo que yo te defender&amp;#233; de las pesadillas. El lapicero negro dibujaba la segunda silueta de un solo trazo. Las orejas, las patas, la barriga, el rabo. Rellenaba la figura con el mismo negro, cuid&amp;#225;ndose de dejar dos c&amp;#237;rculos blancos en pleno rostro: los ojos de Sekhmet, dos linternas en la oscuridad, brillantes como el aura de mam&amp;#225;. Seis l&amp;#237;neas apretando con todas sus fuerzas la punta del l&amp;#225;piz para hacer los bigotes y listos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Cristina, dibuja tambi&amp;#233;n a pap&amp;#225; y a tu hermanito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hab&amp;#237;a que hacer lo que dec&amp;#237;an los profesores, porque negarse supon&amp;#237;a llamada a casa, quejas, y su padre gritando como las noches de pesadilla. Entonces, Kina cog&amp;#237;a el lapicero azul que tuviese m&amp;#225;s cerca de la mano y dibujaba a su padre y a Dani. Dos c&amp;#237;rculos, varios palos perpendiculares, transversales y tangentes. Ya. A la derecha de mam&amp;#225;, porque la izquierda estaba ya tomada por Sekhmet. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hab&amp;#237;a d&amp;#237;as que los profesores, en especial cuando estaba la profesora Natalia sola, quer&amp;#237;an que se dibujase ella tambi&amp;#233;n, como hac&amp;#237;an los dem&amp;#225;s ni&amp;#241;os. A Kina no le gustaba dibujarse a s&amp;#237; misma, no ahora. Le gustar&amp;#237;a dentro de unos a&amp;#241;os, cuando el aura de mam&amp;#225; hiciese tambi&amp;#233;n acto de presencia en su persona, cuando se sintiese orgullosa al mirarse al espejo cada ma&amp;#241;ana, sabedora de que el rostro huidizo de los dem&amp;#225;s se debe a que es tan maravillosa que abruma. Como mam&amp;#225;. A la izquierda de Sekhmet dibujaba una peque&amp;#241;a silueta de color naranja, sin rellenar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &amp;#191;Y estos asteriscos, Cristina? &amp;#191;Por qu&amp;#233; no te haces unos ojos como los que le has dibujado a mam&amp;#225;?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque no son asteriscos. Son estrellas que a&amp;#250;n no brillan, en espera de que la luz emerja y con ella el aura. En ese momento, Kina dejar&amp;#225; a un lado el lapicero naranja y tomar&amp;#225; los rojos para dibujarse junto a mam&amp;#225;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Natalia siempre quer&amp;#237;a que los ni&amp;#241;os colgasen sus dibujos en clase y que, al finalizar el d&amp;#237;a, los recogiesen y se los llevasen a casa. En manualidades hab&amp;#237;an hecho una serie de imanes con figuritas pegadas para ponerlos en el frigor&amp;#237;fico y sujetar notas o fotos con ellos. Seg&amp;#250;n Natalia, ten&amp;#237;an que llevarse los dibujos a casa y colgarlos con esos imanes en el frigor&amp;#237;fico, para que cuando todas las mam&amp;#225;s y pap&amp;#225;s llegasen a casa se pusieran muy contentos. Kina hab&amp;#237;a colgado uno de esos dibujos una vez, una sola vez, la primera, y no iba a volver a hacerlo. A excepci&amp;#243;n de mam&amp;#225;, no le hab&amp;#237;an hecho ning&amp;#250;n comentario al respecto, m&amp;#225;s bien hab&amp;#237;an abierto y cerrado el frigor&amp;#237;fico como si no hubiese nada colgado de la puerta gracias a los imanes con pececitos que hab&amp;#237;a hecho en manualidades. Como si no existiese. Pero ella s&amp;#237; que lo ve&amp;#237;a. Cada vez que entraba en la cocina, all&amp;#237; estaba, record&amp;#225;ndole que ella era un hueco acompa&amp;#241;ada por dos divinidades y dos simples palos. Esa era su familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El palo m&amp;#225;s cercano a mam&amp;#225; masticaba el pan con tortilla, mientras que el otro abr&amp;#237;a un yogur reci&amp;#233;n sacado del frigor&amp;#237;fico, de cuya puerta ya no colgaban ni dibujos ni imanes. Kina se levant&amp;#243;, baj&amp;#243; su plato a&amp;#250;n lleno hasta el suelo para goce y disfrute de Sekhmet, y dej&amp;#243; su vaso en el fregadero. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &amp;#191;No vas a comer m&amp;#225;s?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;</content>
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    <title>argh</title>
    <published>2003-11-07T09:10:15Z</published>
    <updated>2003-11-07T09:10:15Z</updated>
    <lj:music>Adema - Freaking Out</lj:music>
    <content type="html">argfhs... ayer estaba hiperinspirada escribiendo el tercer cap?tulo, sobre kina, y weno... la verdad, no s? por qu? me extra?o. soy yo al fin y al cabo. me fui a ver la tele a eso de las 22yalgo con 1500 palabras escritas pensando en producir mil m?s un rato despu?s, pero mi cuerpo decidi? que los cojines del sof? estaban perfectamente acoplados a ?l y ya. zZz al cubo hasta altas horas de la madrugada, k ya me fui directamente a sobarla al catre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;luego desde casa pongo esa parte del tercer cap?tulo ya escrita, antes de volver a la marcha. tengo 7555 palabras ya en el bote y me gustar?a hoy pasar de las 10mil. veremos. escribo mejor de noche y esta noche ya he kedado a las 20 con isamari en la puerta de su curro...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;bueh</content>
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    <title>NanoWriMo Day 04</title>
    <published>2003-11-04T22:25:59Z</published>
    <updated>2003-11-04T22:25:59Z</updated>
    <lj:music>Smilez &amp; Southstar - Tell Me</lj:music>
    <content type="html">woooo hoy tb ha sido productivo! dos horitas justas con el hombro a&amp;#250;n hecho unos zorros, pero se ha hecho algo. hoy he llegado al final del cap&amp;#237;tulo dedicado a mar&amp;#237;a, ma&amp;#241;ana veremos c&amp;#243;mo sigue la cosa. ha sido toda una sorpresa, mar&amp;#237;a iba reaccion&amp;#225;ndome ella solita. no esperaba que hiciese ninguna de las dos cosas  que me ha hecho. curiosidades... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una gota. Dos. Chispea. El sol de la ma&amp;#241;ana ha dejado paso a la banda sonora de mi tarde. Porque esta es mi tarde. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- te crees? &amp;#161;Lloviendo! Con lo soleado que estaba el d&amp;#237;a, ganas daban de irse a dar un paseo en camiseta de manga corta, no parece que estemos en oto&amp;#241;o. Hasta hoy, claro est&amp;#225;, hasta este preciso momento. Menos mal que se me ha ocurrido bajarme el paraguas, porque si no &amp;#237;bamos a llegar hechas una aut&amp;#233;ntica sopa. &amp;#191;T&amp;#250; no te has tra&amp;#237;do paraguas? Eres un desastre, Mar&amp;#237;a, seguro que el nubarr&amp;#243;n estaba ah&amp;#237; amenazante cuando has salido de casa, por mucho sol que hiciera. pero claro, t&amp;#250; no vas a&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sigue hablando, Teresa. Contigo mi mente cesa su actividad. Es una sensaci&amp;#243;n demasiado agradable como para oponerse a ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- te metas debajo, mujer! Aqu&amp;#237; conmigo, as&amp;#237;. Ven, ag&amp;#225;rrate a mi brazo. Mejor, &amp;#191;ves? C&amp;#243;mo enga&amp;#241;a este paraguas plegable, cabe dentro del bolso pero luego es capaz de cubrirnos a las dos. P&amp;#233;gate un poco m&amp;#225;s o te vas a mojar. Ahora acelera el paso que nos quedan tres minutos y ya me estoy viendo a Iv&amp;#225;n haci&amp;#233;ndome la tarde imposible si llegamos tan solo un segundo pasadas las cinco. Qu&amp;#233; gusto da esto de vivir al lado, aunque luego al final siempre te acabas relajando y el aperreo es el mismo que si vivieses en la otra punta y tuvieses que coger el coche, o el metro, como haces t&amp;#250;, o la moto o el autob&amp;#250;s o incluso venir andando desde all&amp;#225;, acelerada y con prisas. Ay, que ya son las cinco, venga, vete hacia la puerta mientras yo cierro el paraguas, voy enseguida... Ya est&amp;#225;. Mar&amp;#237;a, est&amp;#225;s preciosa. Ap&amp;#225;rtale las manos a Iv&amp;#225;n, que ya sabes c&amp;#243;mo es y hoy seguro que no te quita el ojo de encima. &amp;#161;Ni a m&amp;#237; tampoco! Vendr&amp;#225; a decirme que he llegado tres mil&amp;#233;simas de segundo tarde, que a ver si me pongo de una vez con los documentos que enviaron el otro d&amp;#237;a de la sucursal de Barcelona... Pero es lo que yo le digo, que si tuvieran tanta prisa ya se habr&amp;#237;an encargado ellos de gestionarlos all&amp;#237;. &amp;#191;Para qu&amp;#233; demonios nos los mandan? Ahora me toca trag&amp;#225;rmelos con la nariz de Iv&amp;#225;n inquisidora sobre mi hombro. Puf, como si no tuviese m&amp;#225;s cosas que... No, no. Vamos al de la derecha, que est&amp;#225; parado en el quinto piso y llegar&amp;#225; antes. Pues eso, chica, que estamos hasta arriba y a&amp;#250;n nos siguen trayendo m&amp;#225;s cosas. Qu&amp;#233; suerte tienes de no estar en mi departamento, no te la imaginas, de verdad. &amp;#161;Lo que dar&amp;#237;a yo por estar ah&amp;#237; sentadita como t&amp;#250;! Aunque no s&amp;#233;, &amp;#191;eh? Ya tengo a Iv&amp;#225;n bastante tiempo encima como para tenerlo a&amp;#250;n m&amp;#225;s. Ya estamos. Venga, nos vemos a la salida. &amp;#161;&amp;#193;nimo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Adios, Teresa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo dicho, me falta ese gen. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;C&amp;#243;mo resuena la lluvia contra los ventanales del despacho de Iv&amp;#225;n. Ojal&amp;#225; mi cuchitril tambi&amp;#233;n tuviese parte de esos ventanales que le cubren la pared entera, menuda vista... No entiendo por qu&amp;#233; tiene siempre echadas las cortinas, con lo impresionante que se ve Madrid a esta altura. Poder trabajar aqu&amp;#237;, con la mesa girada hacia este infinito, y no, siempre con las cortinas bien echadas. Dar&amp;#237;a v&amp;#233;rtigo si no hubieran puesto este medio metro de pared hasta el suelo, pero ser&amp;#237;a precioso. Un ventanal que cubriese la pared al cmpleto, desde el techo hasta el suelo. Verte ah&amp;#237;, en el aire. Verte sin cristal, a punto de caer en cualquier momento estos veinte pisos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &amp;#191;Mar&amp;#237;a? &amp;#191;Qu&amp;#233; hace ah&amp;#237;?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se acab&amp;#243; la tranquilidad. M&amp;#237;ralo c&amp;#243;mo corre a tapar bien las ventanas. Igual es que &amp;#233;l s&amp;#237; que tiene v&amp;#233;rtigo. Claro, es eso. Tiene v&amp;#233;rtigo. Le gustar&amp;#237;a haber tenido un despacho en la planta baja, o en el s&amp;#243;tano. Le pod&amp;#237;an haber dado uno en el garage, ya puestos, a ver si se olvidaban de &amp;#233;l. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Le tengo dicho que descorra las cortinas, Mar&amp;#237;a, ni usted ni nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguro que esa seriedad es solo fachada. Seguro que tiembla cada vez que pone un pie dentro de este despacho. Seguro que est&amp;#225; temblando ahora mismo. Qu&amp;#233; triste trabajar aqu&amp;#237; dentro y no acercarse nunca a esas cristaleras que te dan todo el poder sobre Madrid. Pero claro, es Iv&amp;#225;n. Es ya triste de por s&amp;#237;. Imag&amp;#237;nate por un momento que esa cara de estresado con la que te est&amp;#225; mirando se deba a que sospecha que hac&amp;#237;as algo. Que estabas tratando de abrirle a escondidas una de las ventanas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &amp;#191;Mar&amp;#237;a?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;#191;Pensar&amp;#225; que quiero matarlo? En cuanto salga de aqu&amp;#237; cerrar&amp;#225; la puerta y se pondr&amp;#225; a comprobar que no he hecho nada extra&amp;#241;o, como si lo viese. Igual ni se espera a que me marche, porque tiene demasiado p&amp;#225;nico. Con los ojos desorbitados, las manos temblorosas, comprobando panel de cristal tras panel. &amp;#191;Y si realmente hubiese hecho algo, eh? Cede un panel. Su cara de p&amp;#225;nico, de terror absoluto al ver que pierde el equilibro, que se cae, que se raja con los cristales que rompe al irse hacia abajo. Cae, la corbata m&amp;#225;s alta que su cabeza. Esa sucia corbata a rayas que se empe&amp;#241;a en ponerme bajo la nariz cuando husmea lo que estoy haciendo por detr&amp;#225;s. Se cae y la sangre de las heridas de los cristales tambi&amp;#233;n cae. Si deja de gritar y se fija bien, ver&amp;#237;a las gotas a su alrededor como ven el agua los astronautas sin gravedad. Le aporto una sensaci&amp;#243;n que nunca podr&amp;#237;a experimentar si no en su pat&amp;#233;tica vida y ah&amp;#237; va, gritando como un gilipollas mientras cae. &amp;#191;Qu&amp;#233; pasar&amp;#225; por su mente en este preciso momento? Tiene la muerte unos metros. &amp;#191;Pensar&amp;#225;  en su familia, en su mujer, en su hija? &amp;#191;Pensar&amp;#225; en m&amp;#237;, en la zorra de Mar&amp;#237;a que lo ha tirado al vac&amp;#237;o como el que tira un hueso de aceituna por la ventana? &amp;#191;Pensar&amp;#225; en Teresa? &amp;#191;Pensar&amp;#225; en alguien de este edificio? Ya no se le ve el pelo ese rubio engominado que lleva. El suelo cada vez m&amp;#225;s cerca, quiere un infarto antes de estamparse contra el suelo y convertirse en pulpa humana sanguinolienta esparcida en unos cuantos metros. El terror de saber que va a morir, ojal&amp;#225; pudiese verle la cara en este mismo momento, p&amp;#225;nico absoluto. Si cierro los ojos lo veo, ese infierno interior, los gritos de la gente que pasa por la calle, de los coches que se paran a ver qu&amp;#233; pasa, de todos los que se asoman a las ventanas para enfrentarse a la imagen m&amp;#225;s grotesca de sus existencias. Iv&amp;#225;n destrip&amp;#225;ndose contra el suelo y salpic&amp;#225;ndolos de sangre y v&amp;#237;sceras, ruido de ambulancias, los de urgencias que se afanan por recoger sus trocitos con guantes, el caos, los v&amp;#243;mitos, los llantos, esa masa de carne abierta, sangre que se agua, la lluvia que lo tinta todo de rojo, r&amp;#237;os de sangre por la acera, la pasta que se van a sacar unos cuantos psic&amp;#243;logos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respira. Respira, Mar&amp;#237;a.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respira. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abre los ojos, Mar&amp;#237;a. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;paZ&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me gustar&amp;#237;a tener un despacho como el de Iv&amp;#225;n. A las secretarias nos tratan como a escoria. Nos dan despachos como &amp;#233;ste que no deber&amp;#237;an ni llamarse as&amp;#237;, despachos. Cuchitril, habit&amp;#225;culo, cuatro paredes con dos puertas, una mesa, una silla, las estanter&amp;#237;as que te rodean y el gran ordenador. Ah&amp;#237; s&amp;#237; que se dejan la pasta, en los ordenadores. Me dir&amp;#225;s para qu&amp;#233; quiero yo el monstruo que me pusieron la semana pasada. Pero tenemos que estar a la &amp;#250;ltima. El &amp;#250;ltimo procesador, lo &amp;#250;ltimo en grabadoras, una torre de dise&amp;#241;o igual para cada departamento, esta pantalla TFT de 19 pulgadas que hace las funciones de biombo, porque el que entra no me ve. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que era en este caj&amp;#243;n... &amp;#191;No? Vaya, &amp;#191;cu&amp;#225;ndo las cambi&amp;#233; al de arriba? Debi&amp;#243; ser ayer justo antes de irme, para no olvidarme hoy, Que se me va la cabeza cuando me siento aqu&amp;#237; delante de la pantalla. En el caj&amp;#243;n de arriba, junto a la agenda de visitas de Iv&amp;#225;n. Hice bien en cambiarlas. A ver que ordene los informes del d&amp;#237;a... Ajam. Perfectos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caf&amp;#233; me est&amp;#225; haciendo extra&amp;#241;os en el est&amp;#243;mago. Ser&amp;#225; porque est&amp;#225; vac&amp;#237;o. Hmm... Negarle un caf&amp;#233; a Teresa no era factible, as&amp;#237; que a aguantarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;#191;Hoy no han venido las se&amp;#241;oras de la limpieza o qu&amp;#233;? Menuda guarrada de ba&amp;#241;o. Ya pod&amp;#237;an quejarse todos los se&amp;#241;ores que trabajan aqu&amp;#237;, pero no, para qu&amp;#233;. Ya se quejar&amp;#225;n en casa cuando su mujer deje una mota de polvo en el lavabo y as&amp;#237; tengan una excusa para partirles la cara. Hijos de puta, todos. &amp;#161;Co&amp;#241;o! Si que me ha dejado bien Teresa. Esto que me ha hecho me resalta los ojos m&amp;#225;s de lo que pensaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mierda, un vaso. Hab&amp;#237;a una m&amp;#225;quina de agua aqu&amp;#237; al lado... S&amp;#237;, aqu&amp;#237;. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &amp;#191;Qu&amp;#233; ha pasado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ten&amp;#237;a que haber dejado a Teresa que me maquillase antes, hace tiempo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Por all&amp;#237;, &amp;#161;por all&amp;#237;!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es que f&amp;#237;jate, no queda nada exagerado, con lo blanca que soy. El pintalabios es una maravilla. Joder, qu&amp;#233; mal sabe esto. A ver si me voy a atragantar. Un poco m&amp;#225;s de agua... Mejor, mucho mejor. Bueno, vamos a ver. Qu&amp;#233; gran idea poner sillas aqu&amp;#237; dentro para fumarnos un pitillo sin que nos pille el jefe. S&amp;#237; que estaba justo el libro aqu&amp;#237; dentro, joder. Ya est&amp;#225;, fuera. &amp;#191;Qu&amp;#233; receta abro? El &amp;#237;ndice, una al azar... Aqu&amp;#237;, esta misma. Souffl&amp;#233; de nueces y Gamon&amp;#233;u. Suena fant&amp;#225;stico, y la foto dan ganas de com&amp;#233;rsela, con lo que me gusta a m&amp;#237; el queso... Veamos. Ingredientes. Doscientos gramos de nueces molidas, doscientos gramos de mantequilla fundida, doscientos ochenta gramos de yemas de huevo, dos claras de huevo, ciento cincuenta gramos de az&amp;#250;car y cincuenta gramos de Gamon&amp;#233;u. Nada extra&amp;#241;o. Ten&amp;#237;a raz&amp;#243;n Teresa... No es como los libros esos que siempre usan ingredientes que nadie conoce y que son imposibles de encontrar. Bueno... Sigamos... Elaboraci&amp;#243;n. Montar al ba&amp;#241;o mar&amp;#237;a, mira, como yo... Montar al ba&amp;#241;o mar&amp;#237;a las yemas y el az&amp;#250;car. Cuando hayan duplicado su volumen, a&amp;#241;adir... a&amp;#241;adir la mantequila, las nueces y el queso hecho alm&amp;#237;bar. Alm&amp;#237;bar... Deja enfriar... Montar las claras a punto de nieve... y mezclar. Con la mezcla anterior. Forrar los moldes con papel... Joder, veo las letras borrosas... A ver... Forrar los... los moldes... forrarlos con&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;</content>
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    <title>NaNoWrimo Day 03</title>
    <published>2003-11-03T23:43:27Z</published>
    <updated>2003-11-03T23:43:27Z</updated>
    <lj:music>Overseer - Meteorology</lj:music>
    <content type="html">no s&amp;#233; por que me sali&amp;#243; el post de antes directamente en ingl&amp;#233;s o.O misterios de la vida... bueno, el producto de hoy. parece que esto tira m&amp;#225;s o menos por donde yo quer&amp;#237;a, aunque ahora tengo unas cositas que descubrir antes de seguir con esto O.o qu&amp;#233; curioso es ir escribiendo y ver que tus personajes hacen cosas que no pensabas que iban a hacer y que te descolocan un poco lo poco que ibas sabiendo de ellos y de su relaci&amp;#243;n con la historia XD weno. ya. me voy a descansar el hombro a la camita&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inspirar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Retener. Bajar hacia el vientre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Espirar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adios. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hecho. He cerrado la puerta, ahora s&amp;#243;lo est&amp;#225; la escalera que me lleve al descansillo de la entrada. No quiero el ascensor hoy, es un tercero, joder, tengo 34 a&amp;#241;os. Hay que usarlos para algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aire, aire aire aire. Mejor me suelto el pelo para sentirlo m&amp;#225;s pegado a todo mi cuerpo. El aire es como una ducha de libertad que ayuda a cambiar la perspectiva. Hoy me relaja, me reconforta, me da fuerzas para seguir adelante con el d&amp;#237;a. Qu&amp;#233; pocas ganas de ir a la oficina, pero hay que hacerlo. Es una parte necesaria de los engranajes que comienzan a encontrar su rotar perfecto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &amp;#161;Mar&amp;#237;a! &amp;#161;Hola!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Genial. Fant&amp;#225;stico. Carolina, la pesada de Carolina otra vez. Sieeeeempre que salgo de casa me la tengo que cruzar, &amp;#191;es que adapta sus horarios a lo que ve por mi ventana para cruzarse NECESARIAMENTE conmigo en el mismo sitio cada d&amp;#237;a, cada puto d&amp;#237;a, cada vez que abro la puerta de la calle y pongo un pie sobre la acera? Me estresa. No, no no. Ahora no. Respirar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &amp;#191;Otra vez con tus cositas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respirar. Cierra los ojos, Mar&amp;#237;a, ev&amp;#225;dete del espacio que compartes con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Chica, cada d&amp;#237;a est&amp;#225;s m&amp;#225;s rara. &amp;#191;No es muy pronto para irte a trabajar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Espirar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Cre&amp;#237;a que entrabas m&amp;#225;s tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abre los ojos. M&amp;#237;rala. Maldita Carolina. Cada d&amp;#237;a est&amp;#225; m&amp;#225;s vieja, por mucho que intente cubrirse con esos kilos de maquillaje pistacho. Como las cortinas que se hab&amp;#237;a empe&amp;#241;ado en poner Andr&amp;#233;s en el despacho. Sus p&amp;#225;rpados son como las cortinas de Andr&amp;#233;s, igual de arrugados, realizando la misma funci&amp;#243;n. Impedir que veas m&amp;#225;s all&amp;#225; de ellas. Ya pod&amp;#237;an quedarse cerrados para siempre e impedir que me vea cada d&amp;#237;a. Si no me ve no me hablar&amp;#225;. Genial. Podr&amp;#237;a sac&amp;#225;rselos ahora mismo con el tenedor que he dejado en el fregadero justo antes de salir de casa. Ser&amp;#237;a tan f&amp;#225;cil. Pincharlos y tirar del tenedor. Reminiscencias de Bu&amp;#241;uel en un terreno m&amp;#225;s actual. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Entro m&amp;#225;s tarde. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;C&amp;#243;mo estira las orejas, un zorro intentando captar a su presa. Igual est&amp;#225; escribiendo un follet&amp;#237;a sobre el vecindario. No entiendo su man&amp;#237;a persecutoria del cotilleo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tengo cosas que hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &amp;#191;Una cita? Sigues siendo la ni&amp;#241;a m&amp;#225;s bonita del barrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me enervas, vieja arp&amp;#237;a. &amp;#191;Qu&amp;#233; quieres? &amp;#191;Comidilla para tus pantomimas de galer&amp;#237;a? Te escucho desde mi ventana malhablando de todo bicho viviente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Voy a comprar un libro. Adios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pi&amp;#233;rdete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hasta luego, preciosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te he notado el retint&amp;#237;n en la &amp;#250;ltima s&amp;#237;laba, que lo sepas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me he vuelto a dejar el mechero en los otros pantalones. No pienso pagar un euro por otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &amp;#191;Tienes fuego?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;#201;ste debe tener la edad de Dani, seguro que fuma. Como Dani. no s&amp;#233; por qu&amp;#233; demonios se empe&amp;#241;a en seguir dici&amp;#233;ndonos que no. Apesta a tabaco y no es porque mi humo llegue hasta su ropa. Con la puerta cerrada las 24 horas del d&amp;#237;a, ah&amp;#237; no entra ni un pelo de Sekhmet.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Claro, un momento que encuentre... el mechero... aqu&amp;#237;. Ten.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es m&amp;#225;s, dir&amp;#237;a que Sekhmet no ha pisado su habitaci&amp;#243;n desde la mudanza. En la otra casa entraba siempre por la ventana para salir escopetado por la puerta en cuanto Dani lo ve&amp;#237;a olisqueando entre sus cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Igual es uno de los amigos de Dani. Igual ha estado alguna vez en casa, vete a saber. Como si yo supiera qui&amp;#233;n entra y sale de su cuarto. Como si supiera algo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Qu&amp;#233;datelo, mujer. Nada, un placer. &amp;#161;Hasta luego!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qu&amp;#233; encanto, como si me conociese de toda la vida. Dan ganas de ser encantadora y todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hasta luego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puedo ser encantadora. Me falta ese gen, el del encanto. JA. No me falta, m&amp;#225;s bien debo tenerlo atrofiado en un oscuro rinc&amp;#243;n. Pero ya no me afecta haber perdido el encanto, no, hoy no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;#191;C&amp;#243;mo se llamaba el libro de Teresa? A saber. Tiene que estar entre los de cocina, y como para no verlo, con lo gordo y reluciente que es. Cocina. Ummm... Recetas. Aqu&amp;#237;. Ensaladas. Cocina diet&amp;#233;tica. Baja en calor&amp;#237;as. Vegetariana. Asi&amp;#225;tica. Sushi. Vietnamita. Platos con arroz. Postres. Postres con frutas. Tortillas. Cocina con alegr&amp;#237;a. Pfff s&amp;#237;, la alegr&amp;#237;a de la huerta eres cuando te metes en la cocina. Un gusto. No te jode. Mira, aqu&amp;#237; hay m&amp;#225;s. Banquetes. Qu&amp;#233; infierno. Mil y un pescados. Cocina con fruta. Cocina r&amp;#225;pida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;#161;Aqu&amp;#237; est&amp;#225;! Porque era este, &amp;#191;verdad? Mil y una recetas para aderezar tu d&amp;#237;a a d&amp;#237;a. Ten&amp;#237;a que haberme apuntado el t&amp;#237;tulo. La de fotos que lleva, de todos los platos, de todos los ingredientes y aderezos... &amp;#191;Cu&amp;#225;ntas p&amp;#225;ginas tiene? Mil y una. Ser&amp;#225; verdad que lleva mil y una recetas entonces. Pensaba que era solo una referencia a las noches. Es enorme, ni me va a caber en el bolso. Ah mira, s&amp;#237; que cabe, justito pero cabe. Con llevar el tabaco en el bolsillo arreglado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Son...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Calla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Joder, ni que hubiera mentado a sat&amp;#225;n, chica. No me pongas esa cara. No me importa el precio, c&amp;#243;brame y listos. Mira la caja, anda, que vas a pasarme la tarjeta a tres metros del terminal. Que no me mires.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &amp;#191;Me firma aqu&amp;#237;? Tenga, este para usted. Muchas gracias por su visita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que me d&amp;#233; las gracias quien te contrata y se forra a tu costa, chata, t&amp;#250; no tienes nada que agradecerme. Te explotan como a todos, un m&amp;#237;sero sueldo por pasarte las horas muertas detr&amp;#225;s de ese reluciente mostrador, pija como vas. Seguro que te obligan a ir vestida as&amp;#237;, tan pintada. Seguro que llevas zapatos de tac&amp;#243;n. Premio. Te vas a destrozar los pies, pero eso no le importa a tu jefe. &amp;#201;l solo quiere una cara bonita que no espante a los clientes. Como un puticlub. Aqu&amp;#237; venimos a comprar libros, no carne. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aire. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mierda, se me termin&amp;#243; ayer el abono. Pero hay tiempo. &amp;#191;Qu&amp;#233; son? &amp;#191;Las cuatro y cuarto? Tengo tres cuartos de hora para llegar a la oficina. Incluso podr&amp;#237;a pasarme a ver a Teresa. Hoy podr&amp;#237;a dejarla hacer conmigo lo que quiera, como siempre me dice. Mar&amp;#237;a, tienes que dejar que te maquille un d&amp;#237;a. Como a la chica de la librer&amp;#237;a me va a dejar, ya ver&amp;#225;s. Aunque Teresa tiene gusto para estas cosas. Y as&amp;#237; nos vamos juntas a la oficina. Qu&amp;#233; suerte tiene de vivir al lado, no como yo. Vale que son 15 minutos de metro, pero son 15 minutos. La de cosas que podr&amp;#237;a hacer en 15 minutos. Comprarme otro libro. M&amp;#225;s aire. Respirar. Estirarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el cacharro este llegue la llamo. A ver cu&amp;#225;ndo tenemos cobertura en el metro, no tiene que ser tan dif&amp;#237;cil poner una antena por aqu&amp;#237; y que nos funcione el m&amp;#243;vil. Tan avanzados que estamos y basta con poner un pie en el metro para quedarte totalmente aislado del mundo. Sin capacidad para llamar a nadie, para hablar. Para pedir ayuda. Porque, &amp;#191;y si esto se estrella? &amp;#191;Y si se equivocan y chocan dos metros? &amp;#191;Y se sale en una curva o por algo que haya en la v&amp;#237;a y nos tragamos la pared? Cosas peores se han visto por la tele. Accidentes que te quitan las ganas de seguir comiendo, y todos justo a la hora de comer, o de cenar. Con primeros planos bien escabrosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora el metro se sale, nos tragamos la pared, nos despedazamos en el amasijo de hierros, porque esto es todo hierros, y luego nos consumimos en la bola de fuego que se monta. Fuash. Desaparecemos. Vamos por unos t&amp;#250;neles tan estrechos que no hay otra soluci&amp;#243;n. Fuego, tanto fuego, tan poco espacio para intentar escapar, tan poco tiempo para pensar en nada, que ardemos hasta los huesos, hasta que los huesos se destruyen. Mejor. Si escapas, &amp;#191;qu&amp;#233; haces? Perderte por los t&amp;#250;neles, y a ver qui&amp;#233;n encuentra la salida en uno de estos laberintos. Nadie. Y a ver c&amp;#243;mo avisas a alguien, c&amp;#243;mo dices que est&amp;#225;s vivo, que te arrastras por aqu&amp;#237; debajo. no hay cobertura. Nadie sabr&amp;#237;a que te has salvado de una muerte horripilante, pero que te espera algo a&amp;#250;n peor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los t&amp;#250;neles. Tienen que estar llenos de ratas. A rebosar. Como en las pel&amp;#237;culas. Ratas y vete a saber qu&amp;#233; m&amp;#225;s tipos de bicharracos infectos. Te salvas del fuego, s&amp;#237;. Pero luego te esperan las ratas. Con sus dientes afilados. Esperando arrancarte la piel a tiras cuando ya no puedes correr m&amp;#225;s. Te sepultan. Te roen las entra&amp;#241;as. Te&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &amp;#191;Se encuentra bien?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Co&amp;#241;o, &amp;#191;soy ese reflejo en el cristal? Mierda, mierda mierda. Respira, Mar&amp;#237;a. Respira. Ret&amp;#233;n. Mejor ag&amp;#225;chate, manos en las rodillas. Arqu&amp;#233;ate. Expande el pecho, bien. Ahora, Mar&amp;#237;a, ahora. Respira. Ret&amp;#233;n. Hacia el vientre. Ret&amp;#233;n. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Expulsa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rep&amp;#237;telo, Mar&amp;#237;a. Rep&amp;#237;telo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &amp;#191;Se&amp;#241;ora?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qu&amp;#233; griter&amp;#237;o. Como para concentrarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &amp;#161;Silencio joder!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora. Mejor. Mucho mejor. Repite. Dejad de mirarme. Os noto los ojos en mi nuca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aqu&amp;#237; es. Abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Teresa, cielo. Voy a ser tu lienzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Perfecto. Un caf&amp;#233; bien cargado antes de ir a la oficina mientras Teresa se explaya con mi rostro. Un caf&amp;#233; no se puede considerar comida, &amp;#191;verdad? No creo, no llena el est&amp;#243;mago. Bueno, aunque lo sea, me lo permito. Un caf&amp;#233; con Teresa es un caf&amp;#233; con Teresa, no hay excusa v&amp;#225;lida para evitarlo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pod&amp;#237;a llover. Ese nubarr&amp;#243;n negro pod&amp;#237;a expandirse por el cielo, dejar caer algo de oscuridad sobre Madrid. La lluvia contra los cristales de la oficina es como escuchar esos cds de m&amp;#250;sica relajante que me compr&amp;#243; Andr&amp;#233;s hace un tiempo. Cierras los ojos frente al ordenador, o en el archivo, o junto a la ventana de la fotocopiadora, y te marchas lejos, muy lejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta casa est&amp;#225; cada d&amp;#237;a m&amp;#225;s destartalada, menuda diferencia una vez entras en casa de Teresa. Tan moderna, tan a la &amp;#250;ltima, y luego te chocas con este vejestorio. Vale que no haya ascensor, pero que la escalera tenga estos pelda&amp;#241;os que necesitas zancos para subirlos... Sobra. Mucho. Normal que no viva nadie aqu&amp;#237;. &amp;#191;Qu&amp;#233; son, tres vecinos en los siete pisos? Y todos gente joven. Como para que viva un viejo en el s&amp;#233;ptimo y le toque escalar esto cada d&amp;#237;a. No sale a la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &amp;#161;Mar&amp;#237;a! Pero qu&amp;#233; guapa que me vienes hoy. &amp;#191;Cu&amp;#225;ndo te compraste ese traje? Qu&amp;#233; bien te queda ese cuello japon&amp;#233;s, aunque sigo pensando que deber&amp;#237;as venirte conmigo un d&amp;#237;a a buscar unos zapatos de tac&amp;#243;n. Le har&amp;#237;an much&amp;#237;simo favor a ese cuerpo tan lindo que tienes, te alargar&amp;#237;an las piernas a la vez que&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Teresa. Oirla hablar es una nana. Podr&amp;#237;a dormirme cada noche con ella sentada en la silla, habl&amp;#225;ndome. Cuentos interminables que, cuando terminan, sabes que van a continuar al d&amp;#237;a siguente. Kina siempre ha querido un cuento interminable para no tener que repetir los mismos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- llevaba la secretaria del jefe el otro d&amp;#237;a, &amp;#191;el lunes? Creo que s&amp;#237;, el lunes. De esos te tac&amp;#243;n peque&amp;#241;o, que te levantan lo justo. Ven, si&amp;#233;ntate aqu&amp;#237;, anda, &amp;#161;y no me fumes o no te maquillo! A todo esto, &amp;#191;a qu&amp;#233; santo hoy?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Teresa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hoy es un d&amp;#237;a especial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y tan especial. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- alegro much&amp;#237;simo. Ya era hora de que tuvieras un d&amp;#237;a especial, de que tengas esa sonrisa como la tienes ahora, que siempre me vienes a la oficina gris y no sabes lo que te alegra la cara sonreir. Est&amp;#225;s preciosa. Pero ahora te guardas la sonrisa, la pasas a las pupilas, hasta que termine, o no voy a poder hacer las cosas bien y vas a ir hecha un adefesio, con lo mona&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trasladar la sonrisa a los ojos, a las pupilas. Bueno, un esfuerzo. Hoy. Por Teresa. Respira, Mar&amp;#237;a. Te est&amp;#225;n contando un cuento interminable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- esta sombra azul, aqu&amp;#237; unos toquecitos en el p&amp;#225;rpado para alumbrar algo el negro. Porque te tengo que poner algo de negro, a juego con ese traje, que me tienes que decir d&amp;#243;nde te lo has comprado porque tengo que ir a prob&amp;#225;rmelo. &amp;#161;Ay! Si me pudiese meter tu talla te pedir&amp;#237;a que me lo dejases a ver qu&amp;#233; tal me queda, pero como no me lo ponga en la punta de un pie no s&amp;#233; yo. Qu&amp;#233; cuerpo tienes, Mar&amp;#237;a, ten&amp;#237;as que haberte dedicado al mundo de la pasarela. Modelo, ten&amp;#237;as que haber sido. Ah&amp;#237;, en las portadas de las revistas, y yo hubiera dicho a toooodo el mundo que te conoc&amp;#237;a, que esa era Mar&amp;#237;a, mi Mar&amp;#237;a, en la portada del Vogue, del Cosmopolitan, de todas esas revistas de moda que yo me compro y que el resto del mundo lee en la consulta del dentista. Anda que no estar&amp;#237;as deslumbrante maquillada por expertos y no por m&amp;#237;, que no es que yo no sepa maquillar, pero ya me entiendes. Ojal&amp;#225; mi presupuesto me diese para comprar una gama de colores como las que deben llevar esos maquilladores en su malet&amp;#237;n de trabajo, y de esa calidad, entonces ya ver&amp;#237;as lo divina que te dejaba. Ahora un poco de brillo blanco aqu&amp;#237;, para resaltar esos ojazos azules que me tienes. Te voy a poner algo de este colorete nuevo, muy p&amp;#225;lido. Est&amp;#225;s blanca blanca, Mar&amp;#237;a. Deber&amp;#237;as tomar algo de sol. Es bueno para la piel, siempre y cuando no te pases. Te embadurnas bien de crema solar y te tuestas un ratito, aunque sea en la terraza de casa, o en la azotea. Yo siempre subo a la azotea. Madrid deber&amp;#237;a tener playa, es lo &amp;#250;nico que le falta para ser perfecta. Espera, no te muevas ahora, que te voy a poner... As&amp;#237;... Quieta... Perfecto. Un toque m&amp;#225;s para ampliarte el labio inferior... Ahora s&amp;#237;, perfecto. Mar&amp;#237;a, est&amp;#225;s que te cog&amp;#237;an en Cibeles. &amp;#191;Qu&amp;#233; en Cibeles? &amp;#161;En Mil&amp;#225;n y en Par&amp;#237;s! All&amp;#237; ten&amp;#237;as que estar t&amp;#250;, no en esta oficina que te&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este espejo tiene que ser car&amp;#237;simo. Vaya, ha quedado mejor de lo que esperaba. Nunca me ha quedado bien el maquillaje, pero Teresa hace maravillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mil gracias, Teresa. Eres toda una artista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Anda, anda. El m&amp;#233;rito es de la percha que tienes. Termina de mirarte y coge el bolso, que vamos a llegar tarde. &amp;#191;Qu&amp;#233; llevas ah&amp;#237; dentro, piedras? Aaaaaanda, &amp;#161;si al final te has comprado el libro! Ya ver&amp;#225;s. Te vas a chupar los dedos. &amp;#191;Te has terminado el caf&amp;#233;? Bien, dame que lo deje en la cocina... No, no, d&amp;#233;jalo, ya lo hago yo. As&amp;#237;. Ahora venga, vamos o Iv&amp;#225;n nos va a echar una buena bronca, sobretodo a m&amp;#237;, que el otro d&amp;#237;a ya llegu&amp;#233; tarde y est&amp;#225;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Igual es que estas casas est&amp;#225;n protegidas por el ayuntamiento, porque no me explico c&amp;#243;mo dejan que sigan existiendo estos escalones. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- el &amp;#250;ltimo informe que presentaron los de Recursos Humanos? Cada d&amp;#237;a nos vienen con m&amp;#225;s exigencias. Que si esto, que si lo otro, que si tal, que si cual... Ya pod&amp;#237;an salir ellos de su flamante despacho del &amp;#250;ltimo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- porque no saben las condiciones en las que estamos trabajando. &amp;#161;Mi m&amp;#225;quina de caf&amp;#233; m&amp;#225;s cercana est&amp;#225; al otro lado de la planta! &amp;#191;C&amp;#243;mo esperan que mi rendimiento aumente si cada vez que quiero un caf&amp;#233;, o un t&amp;#233;, tengo que recorrerme toda la planta y luego hacer cola? Porque los de log&amp;#237;stica anda que trabajan tambi&amp;#233;n. Todos en la m&amp;#225;quina del caf&amp;#233; el d&amp;#237;a entero, que si hablando, que si almorzando, que si un pitillo junto a la ventana ahora que no miran. Y yo haciendo cola. Digo yo que no les costar&amp;#237;a nada en recursos poner otra m&amp;#225;quina de caf&amp;#233; por planta, que no son tampoco tantas. Mejora el servicio de caf&amp;#233;, mejora el humor del personal, mejora el rendimiento. No lo veo yo tan desquiciado. Pero &amp;#191;sabes? Se lo coment&amp;#233; el otro d&amp;#237;a precisamente a Jorge, Jorge Izquierdo, el de recursos, s&amp;#237;, y me dijo que es inviable porque no corresponde con&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La nube se est&amp;#225; expandiendo. Igual s&amp;#237; que llueve.&lt;br /&gt;</content>
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    <title>NaNoWriMo Day 02 (día 1 = #0)</title>
    <published>2003-11-03T21:45:46Z</published>
    <updated>2003-11-03T21:45:46Z</updated>
    <lj:music>vintersorg - the enigmatic spirit</lj:music>
    <content type="html">so, there goes what i did write this sunday. crap&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="cutid1"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qu&amp;#233; d&amp;#237;a m&amp;#225;s maravilloso. Desde que se hab&amp;#237;an mudado y la limpieza y el orden m&amp;#225;s absolutos reinaban en todas las esquinas de la casa, la &amp;#250;nica comida que exist&amp;#237;a era la que le vertian cada ma&amp;#241;ana en su bol verde pistacho. Odiaba ese color. A ver si lo entend&amp;#237;an de una vez y no le rega&amp;#241;aban m&amp;#225;s cuando se lanzaba garras en ristre a destrozar las cortinas del despacho de Andr&amp;#233;s. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero hoy era un d&amp;#237;a maravilloso. Con el rabo del ratoncillo a&amp;#250;n colgando entre sus fauces, Sekhmet se arrim&amp;#243; a las pantorrillas de Kina y emiti&amp;#243; un maullido cegado, que con la boca llena no se habla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &amp;#161;&amp;#161;Mam&amp;#225;aaaaaaaaaaaaaaaaaa!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kina agarr&amp;#243; a Sekhmet en brazos y corri&amp;#243; a la cocina en busca de su madre, que ya ven&amp;#237;a corriendo por el pasillo a ver qu&amp;#233; le pasaba a la ni&amp;#241;a. Dejaron al gato en el suelo y se pusieron en cuclillas para verlo m&amp;#225;s de cerca. All&amp;#237; estaba Sekhmet en pleno esplendor, el pelaje negro como las NewRock de Dani algo ahuecado, dando fe de que hab&amp;#237;a estado correteando un buen rato. Justo al lado del colmillo derecho estaba el motivo del revuelo: un rabito de rat&amp;#243;n de unos 8 cent&amp;#237;metros de largo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &amp;#161;Ten&amp;#237;a que ser inmenso!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mar&amp;#237;a siempre hab&amp;#237;a tenido p&amp;#225;nico a todo tipo de bicho. En su mente s&amp;#243;lo hab&amp;#237;a dos divisiones para los animales en el mundo; por una parte estaban los animales en s&amp;#237;, como los gatos, perros, vacas, periquitos, pececillos de colores, tortugas... y por otro estaban los bichos, tambi&amp;#233;n conocidos como monstruos o bicharracos. Llenos de patas espeluznantes, dientes deseosos de morder carne humana, ojos desorbitados y pelo ralo y encrespado, aberrante al tacto. A&amp;#250;n recordaba el infame esperpento que hab&amp;#237;a tratado de abrirla en canal la &amp;#250;ltima noche que pasaron en la casa anterior, aquella terrible ara&amp;#241;a del tama&amp;#241;o de un plato sopero que hab&amp;#237;a descendido sigilosa y astutamente por la pared sabedora de que ella dorm&amp;#237;a para treparle por la cara y despertarla con un toque de uno de sus tent&amp;#225;culos en un p&amp;#225;rpado. Cre&amp;#237;a que hab&amp;#237;a despertado en el infierno. Pero, por suerte, en ese infierno tambi&amp;#233;n estaba Andr&amp;#233;s a su lado en la cama dispuesto a salvarla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &amp;#191;Por d&amp;#243;nde crees que habr&amp;#225; entrado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mar&amp;#237;a reaccion&amp;#243; a esa pregunta con pavor. Mir&amp;#243; a su hija, 8 a&amp;#241;os reci&amp;#233;n cumplidos, y pens&amp;#243; en todos los lugares por los que podr&amp;#237;a haberse colado ese rat&amp;#243;n en su casa, en un tercer piso en pleno Embajadores. Las ventanas, la puerta al entrar o salir alguien, los desag&amp;#252;es, saltando desde el balc&amp;#243;n de al lado, por los conductos de ventilaci&amp;#243;n... No, ten&amp;#237;a que tranquilizarse. No pod&amp;#237;a reaccionar como aquella noche. En urgencias tuvieron que sedarla porque el ataque de histeria amenazaba con causar desperfectos no solo en su propio cuerpo, sino tambi&amp;#233;n en el de los dem&amp;#225;s. De las cuclillas pas&amp;#243; a sentarse en el suelo, coloc&amp;#243; las manos sobre las rodillas y arque&amp;#243; ligeramente la espalda. Respir&amp;#243;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sol&amp;#237;an reir de ella por interrumpir cualquier momento de su vida cotidiana para retorcerse en alguna postura extra&amp;#241;a durante unos segundos o minutos. Que se rieran, ellos se lo perd&amp;#237;an. En ese preciso momento, cuando sent&amp;#237;a los colmillos de la histeria clav&amp;#225;ndosele en el pecho, necesitaba respirar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kina se recost&amp;#243; sobre la pared junto a Sekhmet, que trataba afanoso de terminar con los restos de su banquete, y mir&amp;#243; a su madre. Para ella era todo un espect&amp;#225;culo verla detenerse de pronto en seco, daba igual lo que estuviera haciendo, cerrar los ojos, aislarse del mundo, moverse lentamente de las formas m&amp;#225;s extra&amp;#241;as. Le faltaban las palomitas. Su padre dec&amp;#237;a que a mam&amp;#225; le sentaba bien, pero Dani ten&amp;#237;a otra opini&amp;#243;n. Que estaba loca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Kina no le parec&amp;#237;a que estuviese loca. M&amp;#225;s bien la ve&amp;#237;a como a una de esas preciosas actrices que sal&amp;#237;an a diario en la televisi&amp;#243;n, vestidas comolas princesas de sus libros de cuentos, pintadas con colores que ella alg&amp;#250;n d&amp;#237;a tambi&amp;#233;n tendr&amp;#237;a en su neceser. Vale, su madre no sol&amp;#237;a vestirse como las actrices, y eso de maquillarse tampoco le iba mucho, pero al detenerse y ralentizar todos sus movimientos al m&amp;#225;ximo, al cerrar los ojos y relajar los m&amp;#250;sculos del rostro, mam&amp;#225; adquir&amp;#237;a una expresi&amp;#243;n de glamur infinito, una surrealidad que la hac&amp;#237;a hermos&amp;#237;sima en su imperfecci&amp;#243;n. Ni su padre ni Dani ten&amp;#237;an esos momentos de abandono a un plano superior, ni ella tampoco. Pero seguro que en alg&amp;#250;n momento, cuando creciese, conseguir&amp;#237;a descubrir esa palanquita que la har&amp;#237;a tan hipn&amp;#243;tica como lo era su madre en momentos as&amp;#237;. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Kina, cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mar&amp;#237;a alz&amp;#243; la cabeza y mostr&amp;#243; a su hija un rostro mucho m&amp;#225;s tranquilo que el que hab&amp;#237;a tenido s&amp;#243;lo unos minutos antes. Alarg&amp;#243; un brazo y atrajo a su Sekhmet querido hacia su regazo, acarici&amp;#225;ndolo con gratitud entre ronroneos de placer. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Cuando tenga un rato vamos a la tienda de los gatitos y le compramos algo a Sekhmet, &amp;#191;te parece? Podemos traerle una bolsita de snacks de salm&amp;#243;n, de esos que tanto le gustan con forma de pez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &amp;#161;Siiii! Y le compramos tambi&amp;#233;n un ratoncito de peluche para que juegue, porfa porfa porfaaaaa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Claro que s&amp;#237;, cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &amp;#161;Y nos llevamos a Sekhmet con nosotras para que elija!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Como siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con Sekhmet a&amp;#250;n en brazos, Mar&amp;#237;a se levant&amp;#243; y volvi&amp;#243; hacia la cocina. Mir&amp;#243; el gran reloj anal&amp;#243;gico que Andr&amp;#233;s hab&amp;#237;a colgado la semana anterior justo enfrente de la puerta de entrada y maldijo para s&amp;#237;: las tres menos diez. Andr&amp;#233;s no tardar&amp;#237;a mucho en llegar con el est&amp;#243;mago rugiendo, y Dani ten&amp;#237;a que haber vuelto ya. Como todos los d&amp;#237;as, se habr&amp;#237;a entretenido con sus compa&amp;#241;eros de clase. Seguro que se le olvidaba comprar el peri&amp;#243;dico, seguro que Andr&amp;#233;s se enfadaba al sentarse en el sof&amp;#225; despu&amp;#233;s de comer porque con lo cansado que est&amp;#225;, tener que vestirse ahora y salir al quiosco, hay que ver. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Kina, cielo. Llama a Dani, que no se le olvide el peri&amp;#243;dico. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &amp;#161;Hecho!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se apoy&amp;#243; sobre la mesa, dej&amp;#243; a Sekhmet en una de las sillas y se volvi&amp;#243; a poner manos a la obra. Arroz con champi&amp;#241;ones, ensalada y tortilla de queso y jam&amp;#243;n. Tendr&amp;#237;a que ampliar el recetario mental pronto, porque tras 17 a&amp;#241;os cocinando para las mismas personas, por muchas variantes que incluyas, acabas repitiendo una y otra vez. Tendr&amp;#237;a que comprarse un libro de cocina como el de Teresa, enorme, encuadernado con unas fotos de platos suculentos que hac&amp;#237;an la boca agua, lleno de recetas ilustradas a todo color. S&amp;#237;. Tendr&amp;#237;a que pasar por la librer&amp;#237;a. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Dice Dani que vale, pero que pod&amp;#237;a ir yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y tambi&amp;#233;n podr&amp;#237;a ir el vecino del quinto. Anda, cielo, vente a poner la mesa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa semana de vacaciones forzosas por el semiderrumbe del colegio de Kina estaba siendo mucho m&amp;#225;s interesante de lo que hab&amp;#237;a esperado en un principio. Ten&amp;#237;a una hija a la que nunca hab&amp;#237;a prestado excesiva atenci&amp;#243;n y ahora descubr&amp;#237;a que pod&amp;#237;a ser no solo una hija, sino una amiga. Con 8 a&amp;#241;os. En lugar del estr&amp;#233;s que esperaba, la presencia de Kina cada ma&amp;#241;ana en casa la tranquilizaba. Daba gusto, tranquilita, calladita, centrada en sus cosas pero dispuesta a hablar de todo con su madre. Ojal&amp;#225; Dani hubiera sido as&amp;#237; de encantador a su edad. Qu&amp;#233; infierno de ni&amp;#241;o, que infierno de adolescencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kina corri&amp;#243; a la cocina. Se entretuvo acariciando la cabeza de Sekhmet antes de coger el mantel, las servilletas, los platos, e ir distribuy&amp;#233;ndolos por la mesa ordenadamente. Pap&amp;#225;... Dani... Mam&amp;#225;... Kina... y para Sekhmet su bol especial justo debajo de la silla de mam&amp;#225;. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- El peri&amp;#243;dico. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mar&amp;#237;a lo atrap&amp;#243; al vuelo y dirigi&amp;#243; a su hijo una mirada cari&amp;#241;osa. Se sent&amp;#237;a feliz tras el pensamiento acerca de Kina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No me mires as&amp;#237;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejando caer la mochila desde el hombro hasta la mano, Dani se march&amp;#243; a su cuarto, la puerta bien cerrada, a esperar que llegara su padre y comer. A las cinco, ensayo. Se sent&amp;#243; en la cama y cogi&amp;#243; el bajo, adaptando los dedos a las cuerdas y dejando salir la melod&amp;#237;a que iba a presentar esa tarde. A Vincen le iba a gustar, seguro. Pod&amp;#237;an hacer algo grande con ella. Cerr&amp;#243; los ojos y se dej&amp;#243; llevar por las continuas repeticiones de la misma melod&amp;#237;a durante un rato, luego se quit&amp;#243; las botas, busc&amp;#243; las zapatillas a ciegas por debajo de la cama y encendi&amp;#243; el ordenador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Dani, a comer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Llama antes, joder. Ya voy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa man&amp;#237;a de Kina de entrar sin llamar lo sacaba de quicio, ya pod&amp;#237;a aprender que la gente mayor necesita su intimidad, no tener a una mocosa molestando cada cinco minutos. Se calz&amp;#243; las zapatillas y se dirigi&amp;#243; a la cocina, a disfrutar de otra maravillosa comida familiar con la familia monster. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Hola, hijo. &amp;#191;Qu&amp;#233; hay hoy de comer, Mar&amp;#237;a?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dani obvi&amp;#243; a Kina sac&amp;#225;ndole la lengua y se sent&amp;#243; entre ella y su padre. Ol&amp;#237;a a champi&amp;#241;ones, as&amp;#237; que otra vez arroz con champi&amp;#241;ones. A ver con qu&amp;#233; m&amp;#225;s.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ahora lo ver&amp;#225;s, impaciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sirvi&amp;#243; tres platos de arroz con champi&amp;#241;ones, sac&amp;#243; el bol de ensalada de la nevera, cort&amp;#243; la tortilla de jam&amp;#243;n y queso en trocitos y lo coloc&amp;#243; todo bien ante cada uno. La tortilla y la ensalada en el centro, que cada cual cogiese. Andr&amp;#233;s y Dani empezaron a comer sin m&amp;#225;s dilaci&amp;#243;n, pero Kina se qued&amp;#243; con el tenedor en la mano, un champi&amp;#241;&amp;#243;n trinchado, mirando a su madre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- M&amp;#225;ma, &amp;#191;no comes t&amp;#250;?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mar&amp;#237;a deshizo el lazo que ataba el delantal a su espalda. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No, cielo. Mam&amp;#225; entra hoy a trabajar antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se acerc&amp;#243; a su hija, la cog&amp;#237;o por la frente y le plant&amp;#243; desde atr&amp;#225;s un beso sobre el pelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ma&amp;#241;ana vamos con Sekhmet de compras. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gato se hab&amp;#237;a acercado a sus pies y ronroneaba tontorr&amp;#243;n. Mar&amp;#237;a se agach&amp;#243;, le rasc&amp;#243; tras las orejitas y le frot&amp;#243; con el pulgar entre los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Eres todo un campe&amp;#243;n.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un maullido de gratitud la despidi&amp;#243; mientras sal&amp;#237;a de la cocina en busca del cardigan gris. Cogi&amp;#243; el bolso, se asegur&amp;#243; de que todo estaba dentro, pas&amp;#243; por el sal&amp;#243;n a coger la carpeta y abri&amp;#243; la puerta de la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Adios, mami.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Que te vaya bien la tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerr&amp;#243; la puerta de su casa y permaneci&amp;#243; unos minutos recostada sobre ella. Respirar. Pero esta vez vigorizante, no profunda. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adios.</content>
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    <title>nano memo</title>
    <published>2003-10-30T13:19:44Z</published>
    <updated>2003-10-30T13:19:44Z</updated>
    <lj:music>Antonio Orozco - Te Esperar? (pegadme, lo merezco! XD seronoserrrrr XDD)</lj:music>
    <content type="html">una de esas memos k pululan por todas las comunidades nanowrimoeras. pero ?sta est? en espanis XD&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;nanowrimo&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;[siruveru]  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;u&gt;GENERAL&lt;/u&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;NaNo ID:&lt;/b&gt; silvertfa404953c&lt;br /&gt;&lt;b&gt;NaNo desde:&lt;/b&gt;septiembre 2002&lt;br /&gt;&lt;b&gt;T?tulo provisional:&lt;/b&gt;ninguno, a?n&lt;br /&gt;&lt;b&gt;G?nero:&lt;/b&gt; i have no idea.&lt;br /&gt;&lt;b&gt;N?mero de palabras previstas:&lt;/b&gt; 50.000, y ser? todo un logro. si se superan, bonus track xD&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;u&gt;INICIO&lt;/u&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;?Tienes la trama en mente?&lt;/b&gt; nu&lt;br /&gt;&lt;b&gt;?Has planeado todas las escenas?&lt;/b&gt; ni una XD &lt;br /&gt;&lt;b&gt;?Sabes ya c?mo empezar??&lt;/b&gt; noo&lt;br /&gt;&lt;b&gt;?Y c?mo terminar??&lt;/b&gt;menos a?n &lt;br /&gt;&lt;b&gt;?S?bes c?mo llegar al cl?max?&lt;/b&gt;hombre, depende de lo k estemos hablando... &amp;gt;D&lt;br /&gt;&lt;b&gt;?Conoces a tus personajes principales?&lt;/b&gt; no&lt;br /&gt;&lt;b&gt;?Piensas basarte en tus propias experiencias?&lt;/b&gt; norl&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;u&gt;TU OBRA SER?&lt;/u&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;?Divertida?&lt;/b&gt; a saber&lt;br /&gt;&lt;b&gt;?Seria?&lt;/b&gt;bufff&lt;br /&gt;&lt;b&gt;?Triste?&lt;/b&gt;...&lt;br /&gt;&lt;b&gt;?Pseudo-autobiogr?fica?&lt;/b&gt;NO! creo k es lo ?nico k tengo m?s o menos claro&lt;br /&gt;&lt;b&gt;?Estar? basada en otra historia?&lt;/b&gt;no&lt;br /&gt;&lt;b&gt;?Tendr? influencias de autores o publicaciones de actualidad?&lt;/b&gt;er...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;u&gt;?CU?NTO LLEVAS PLANEADO? ?HAS UTILIZADO...&lt;/u&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;un diario en papel?&lt;/b&gt; no&lt;br /&gt;&lt;b&gt;bol?grafos?&lt;/b&gt; no&lt;br /&gt;&lt;b&gt;bol?grafos de colores?&lt;/b&gt; no&lt;br /&gt;&lt;b&gt;el ordenador?&lt;/b&gt; no&lt;br /&gt;&lt;b&gt;tarjetas clasificadoras?&lt;/b&gt;no&lt;br /&gt;&lt;b&gt;listas?&lt;/b&gt;no&lt;br /&gt;&lt;b&gt;formularios para describir la trama?&lt;/b&gt; no&lt;br /&gt;&lt;b&gt;formularios para describir a los personajes?&lt;/b&gt;no&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tu enlace favorito sobre escritura:&lt;/b&gt;erm&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Una frase que te quieras incluir:&lt;/b&gt;erm...&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Una escena que quieras incluir:&lt;/b&gt; *ahem*&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Un tema que quieras tratar:&lt;/b&gt;pfff&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Un clich? que quieras evitar:&lt;/b&gt;lalala?&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Un personaje que quieras usar:&lt;/b&gt;g?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;u&gt;EL FUTURO&lt;/u&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;?Crees que podr?s hacerlo?&lt;/b&gt;espero&lt;br /&gt;&lt;b&gt;?De hecho, vas a intentar hacerlo?&lt;/b&gt; chi...&lt;br /&gt;&lt;b&gt;?Intentar?s publicarlo alg?n d?a?&lt;/b&gt; JAJAJAJAJAJJJ&lt;br /&gt;&lt;b&gt;?Qu? pretendes conseguir con este mes de escribir sin parar?&lt;/b&gt;dejar atr?s mi writer's block ??gro</content>
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    <title>relatos, o algo</title>
    <published>2003-10-17T07:48:45Z</published>
    <updated>2003-10-17T07:48:45Z</updated>
    <lj:music>Tool - Sober</lj:music>
    <content type="html">&lt;a href="http://sheherezade.diaryland.com/" target="_blank"&gt;aqu?&lt;/a&gt;</content>
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    <title>recordatorio</title>
    <published>2003-10-16T07:43:58Z</published>
    <updated>2003-10-16T07:43:58Z</updated>
    <lj:music>Caf? Quijano - En aqu?l hotel jamaicano</lj:music>
    <content type="html">esto es m?s un recordatorio para moi-m?me que otra cosa, pero si a alguien le sirve... pues mira, un extra&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;el programita para mac osx que voy a utilizar se llama &lt;a href="http://www.bartastechnologies.com/copywrite/" target="_blank"&gt;CopyWrite&lt;/a&gt; y tiene una pinta estupenda&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;cuando me ponga en el pc usar?, como siempre, el fant?stico &lt;a href="http://www.liquidninja.com/metapad/" target="_blank"&gt;metapad&lt;/a&gt; y su plugin en finland?s ;P ese familiar &lt;i&gt;uusi tiedosto&lt;/i&gt;...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y un &lt;a href="http://www.seventhsanctum.com/gens/index-name.html" target="_blank"&gt;generador de nombres&lt;/a&gt; la mar de curioso que alguien ha posteado en alguna de esas cmunidades que, conforme se acerca la fecha, empiezan a tener de nuevo un movimiento que desaparece el resto del a?o&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;algunos nombres que podr?an interesarme: Irhuvy, Ryemm, Osse, Kyadu, Annoru, Icc, Lemake, Vinale, Aixa, Teermi, Ikim, Ysicc, Lmuev, Haina&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y es que nunca me han atraido los nombres comunes, ya sean espa?oles o extranjeros. si creas ficci?n, los nombres tienen total libertad para ser tambi?n ficticios.</content>
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    <title>de vuelta</title>
    <published>2003-10-14T11:24:45Z</published>
    <updated>2003-10-14T11:24:45Z</updated>
    <lj:music>Depeche Mode - Stripped</lj:music>
    <content type="html">un a?o m?s vuelve el &lt;a href="http://www.nanowrimo.org" target="_blank"&gt;nanowrimo&lt;/a&gt; y, un a?o m?s, intentar? hacer algo m?s que es escribir cuatro tonter?as los dos primeros d?as para luego hartarme de no llegar a ning?n sitio. voy a bajarme un programa especial para el osx que tiene muy buena pinta, el &lt;a href="http://www.bartastechnologies.com/copywrite/" target="_blank"&gt;copywrite&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;veremos si soy capaz de producir algo... a?n tengo unas semanitas para pensar al respecto. tiempo al tiempo. nos vemos el 1 de noviembre :D</content>
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    <title>capítulo 3</title>
    <published>2002-11-14T00:18:44Z</published>
    <updated>2002-11-14T00:18:44Z</updated>
    <content type="html">[havoc] dónde te metes?&lt;br /&gt;[nassak] me voy&lt;br /&gt;[havoc] qué?&lt;br /&gt;[nassak] ke me voy&lt;br /&gt;[havoc] a dónde?&lt;br /&gt;[nassak] lejos&lt;br /&gt;[havoc] te invito a cenar mañana en el mejicano, luego dormimos en tu casa, vale?&lt;br /&gt;[nassak] te he dicho ke me voy&lt;br /&gt;[havoc] pero de qué estás hablando?&lt;br /&gt;[nassak] léeme: me largo. lejos&lt;br /&gt;[nassak] deja de llamarme, deja de seguirme, deja de acosarme&lt;br /&gt;[nassak] no ves ke estoy harta de ti? necesito algo más ke una polla&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kas pulsó el enter sin ser consciente de lo que acababa de escribir. Cuando vio aparecer las palabras sobre el fondo negro de la ventana de conversación se arrepintió, pero sólo una décima de segundo. Era lo que pensaba, así que no debía sentirse mal por decir las cosas a la cara, máxime cuando Carlos nunca se había interesado más que por llevársela a la cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[havoc] kassandra&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Harta de leerle, desconectó el ordenador de internet arrancando el cable del módem. Bajó la pantalla hasta escuchar el clic que hacía el portátil cada vez que se cerraba y se quedó un buen rato mirando la luz de la pantalla, aún encendida, que se filtraba por las rendijas laterales. Thom maulló somnoliento al verse forzado a buscar un cojín diferente a las piernas de Kas, pues las necesitaba entre sus brazos para acurrucarse en una esquina del sofá y evadirse de todo y de todos durante un buen rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*********&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Quién es?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Kas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te abro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kas empujó la puerta del portal con el pie y se recostó sobre ella para abrirla completamente. Llevar a Thom en brazos era un engorro, ¿por qué no podía comportarse como un gato normal y corriente, que se queda quieto en su cesta y observa el mundo exterior con cautela? No, Thom t.e.n.í.a. que ir en brazos, no en una cesta. Cierto que no intentaba escaparse, salir corriendo y perderse entre la gente y los coches, pero no dejaba de rebullirse entre los brazos, trepar por los hombros, intentar acomodarse en algún lugar que, por supuesto, sería cómo para él pero no para Kassandra. Una odisea llevarlo hasta casa de Julio, y eso que sólo vivía cinco manzanas más allá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de dejar que la puerta se cerrase, se detuvo un momento, Thom ya trotando dentro del portal camino del ascensor, y dejó la mirada vagar sobre las casas de Madrid. Podía ver desde el escalón los edificios que, algo más lejos, rodeaban su propio piso, demasiado bajo, demasiado viejo como para ser divisado en sí mismo. Mirando en dirección contraria llegaba la imagen de los altos edificios que pueblan esa zona de Madrid donde ella también había estado trabajando hasta la semana pasada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No iba a echar nada de menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El arco de su pelo trazado bajo las últimas luces del día. Kas giró hacia el ascensor con el sonido de un portazo a sus espaldas, cogió de nuevo a Thom en brazos antes de que se decidiese a investigar escaleras arriba, y pulsó el botón del tercer piso. Thom levantó el morro hasta ponerse nariz con nariz, su forma de demostrar cariño en momentos de estrés. Kas cerró los ojos para sentir en cálido pelo del morro del animal. Curioso que, en una ciudad tan grande, tan llena de gente conocida y desconocida, a quien más fuese a echar de menos fuese a un gato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Aquí me traes al pequeño monstruito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julio la estaba esperando con la puerta abierta. Nada más verlo, Thom comenzó a ronronear y saltó de los brazos de Kas para lanzarse hacia él. Colocó las patitas delanteras sobre las rodillas de Julio, sacó las uñas y se dispuso a trepar hacia sus brazos. Julio le dejó hacer, consciente de que era su particular saludo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿No podría restregarse contra los tobillos, como hacen todos los gatos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estás hablando de Thom -sonrió Kas-. Ya sabes que no es un gato más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Cierto -Julio suspiró mientras abrazaba al pequeño invitado-; me hubiese gustado ver cómo lo criabas cuando era un piojo, porque algo debes haber hecho para que sea como es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tratarlo como a mi compañero de piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Espero que no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La frase pilló desprevenida a Kas, que se pasó la lengua por los labios antes de mirar a Julio a los ojos y advertir que lo único seco habían sido las palabras. Lo había dicho con cariño, aún había un destello de añoranza en aquellos ojos verdes que una vez habían sido su único espejo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kassandra se incorporó y se acercó tanto a Julio que sólo Thom, ronroneando despreocupadamente en brazos de su anfitrión, separaba sus cuerpos. Sus ojos conectaron con tanta fuerza que faltó un chasquido para producir electricidad y allí, entre esas cuatro cavidades de distintos colores, se detuvo el tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te echo de menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podrían haber pasado minutos, segundos o tal vez horas hasta que Kas habló. Quería volver a entrar en aquel piso, rozar con los dedos las paredes de gotelé azulado que una vez también habían sido suyas, compartir la alfombra junto a una copa y brindar, brindar por todo lo que habían compartido y seguirían compartiendo durante toda la eternidad. Porque nada puede borrar lo vivido. Nada ni nadie. Sentimientos que se agolpan en las arterias e impiden fluir la sangre en determinados momentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kas respiró hondo. Obligar a su corazón a latir para poder reaccionar ante la inmensidad que se abría tras la puerta de entrada al tercero C. Julio, recostado sobre el marco opuesto al de las bisagras, la observaba con nostalgia contenida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vete, Kas -la voz en un tono más bajo que cuando la había recibido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apretando los puños, Kas se inclinó sobre Thom y depositó un beso entre sus orejas. Alzar la cabeza, cruzar una mirada cargada de sensaciones contenidas y dar la vuelta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te aviso cuando vuelva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de que se cerraran las puertas del ascensor, Kas sintió los ojos verde oliva de Julio quemándole la espalda. Sentía la imperiosa necesidad de abalanzarse sobre él rememorando otra época, de levantarse la camiseta a la vez que él también lo hacía y sentir piel sobre piel, calidez humana que transmite vida, mientras un beso de fuego hacía hervir los labios. No. Pulsó el botón de la planta baja y giró en el último instante para verle una última vez entre la rendija de las dos puertas. Una última conexión de miradas, una imagen que poder retener durante el tiempo de ausencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La calle. Demasiado grande ahora que ya no era suya, ahora que ya nunca volvería a ser suya. La pared del edificio número 37 tenía más desconchones de los que recordaba. Caminó de vuelta a su estudio por las aceras que se hundían bajos sus pies en un recibimiento cordial, el de dar la mano a un conocido que hace timpo no ves. Un paso, dos pasos, tres, veinte, cincuenta y cinco... Correr.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*********&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La llave en la cerradura no atrajo a Thom; sólo iban a ser unas horas entre esas cuatro paredes sin la presencia del gato, pero se iban a hacer eternas sin que metiese el morro allá donde Kas fuese a hacer algo. Abrió el armario y sacó la mochila de acampada azul. Julio tenía una igual, pero de color verde. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kas sacudió la cabeza para quitarse ese pensamiento que ahora, precisamente ahora, era lo que menos necesitaba. Se marchaba lejos para evadirse de su propia mente, así que había que dejarlo todo encerrado en Madrid, a la espera de su regreso con renovadas fuerzas para imponerse y dejarlo definitivamente enterrado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Revolvió el armario en busca de lo estrictamente necesario. Se decidió por dos pantalones, además de los puestos, y una falda de lana para evitar congelarse en pleno invierno. También separó varias camisetas y jerseys, mudas de ropa interior, el saco de dormir ultraligero, ultraplegable y ultracaliente que se había permitido con el último sueldo cobrado, y la larga chaqueta negra de pvc que tanto abrigaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toda la ropa de su armario esparcida por el suelo y toda la noche por delante, y parte de la mañana. Podía esperar hasta el día siguiente para hacer la mochila, ahora necesitaba descansar, dejar que Julio se evaporase de su mente mientras ella se dejaba llevar por el sueño más profundo. Dormir. El día siguiente iba a ser el primer día de su vida y quería saludarlo con el mejor aspecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se dejó caer sobre el sofá, todavía abierto de par en par, e insitintivamente buscó a Thom con el brazo. Vacío. Como vacío estaba todo lo que la rodeaba desde hacía demasiado tiempo. Se hizo un ovillo bajo la manta y se abrazó la cintura, los ojos fijos en el techo, dispuesta a lavarse con el sueño.</content>
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    <title>capítulo 2</title>
    <published>2002-11-14T00:17:39Z</published>
    <updated>2002-11-14T00:17:39Z</updated>
    <content type="html">El muchacho que atendía a un anciano matrimonio tras el mostrador de la estación ferroviaria no pudo evitar fijarse en la figura que cruzaba las puertas de cristal en ese momento. Debería tener su edad, pero había demasiadas diferencias, además del sexo, como para osar compararse a aquella persona. La citura de la joven se balanceaba al compás de cada zancada, el largo cabello liso color sangre ondeando a su espalda. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Jovencito -recriminó el hombre tras haber estado esgrimiendo un papel durante algo más de un minuto-, ¿me va a prestar atención?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Iván Manzano, al menos ese era el nombre escrito en su chapa, se diculpó y volvió a centrarse en el matrimonio y su deseo de cambiar el billete para la semana siguiente, pero la mente seguía vigilando de cerca a la chica, que ya hacía cola precisamente en su ventanilla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había apoyado el peso del cuerpo sobre la pierna izquierda, la otra ligeramente flexionada, ambas terminadas en botas militares algo raídas. Llevaba unos vaqueros de cintura baja ajustados en la parte superior, pero de pierna algo más ancha. Lo que más llamaba la atención de la mente de Iván era la camiseta que llevaba, negra, de punto ligeramente suelto, con un escote de vértigo que trataban de cerrar unos cordones cruzados en la parte frontal. Debía haber una lazada, pero los cordones descansaban apaciblemente por separado sobre el pecho de la joven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el cabello, ese cabello rojo como la sangre, tan liso que parecía sacado de una escena de película asiática, más largo de lo que nunca había visto. Al cambiar el peso de la pierna izquierda a la derecha, el pelo también se desplazó desde la nuca hasta el inicio del muslo en una onda suave, etérea, casi podría decirse que angelical... si no hubiese sido por el color.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Hola?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El saludo sacó a Iván de su ensoñamiento, pero al parpadear se encontró frente a frente con el rostro del cuerpo que había estado repasando. De rasgos bruscos, pómulos marcados y nariz algo grande, había algo de irresistible en aquella muchacha. Tal vez fuesen los ojos, enmarcados por unas cejas demasiado expresivas. Azules, pero de un azul casi eléctrico que se veía intensificado por la sombra de ojos azul marino. Pero tal vez fuesen los labios, curvados en una sonrisa cómplice que dejaba entrever unos dientes ligeramente imperfectos, cubiertos de una fina capa de color a juego con el pelo, aunque más oscuro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿En qué puedo ayudarla?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kassandra enarcó las cejas al ver cómo el chico parpadeaba nervioso y se recolocaba la camisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*********&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;even though you may sleep in the same bed&lt;br /&gt;even though you may be interlocked at the elbows and the knees&lt;br /&gt;even though your lips may touch&lt;br /&gt;even though you dream of each other&lt;br /&gt;EVERYONE SLEEPS ALONE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Interesantes palabras cargadas de significado estampadas de forma aséptica sobre una camiseta de cuello abierto y manga larga. Púrpura sobre negro, una combinación oscura pero fácil de distinguir gracias al tenue uso de la purpurina sobre cada una de las letras. Minúsculas, salvo la última afirmación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otras prendas se esparcían a lo largo y ancho del escaparate, donde no había ningún maniquí. Pantalones vaqueros, más camisetas, chaquetas, cinturones y un sinfín de complementos de la más absoluta vulgaridad que daban aún más vigor a la camiseta sobre la que Kassandra había posado sus ojos de océano luminoso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rebuscó en el bolso que colgaba de su hombro izquierdo en busca del monedero, pero sus dedos toparon con un trozo rectangular de papel plastificado antes de llegar hasta él. Un escalofrío recorrió su espina dorsal en sentido ascendente, hasta erizar los cabellos de la nuca, porque dentro de aquel envoltorio se encontraba la llave de su libertad: papeles grapados con su nombre en letras de imprenta, un pasaporte hacia el anonimato de la tremenda Europa que, por ser vasta e insondable en tan sólo 4 semanas, proporcionaba el ambiente necesario. Para recuperar el espíritu del que tan orgullosa se había sentido durante sus 25 años de existencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ausencia de reencuentro, emoción anticipada que ahora se plasmaba en una simple camiseta. Kassandra soltó el envoltorio y siguió en busca del monedero. Hacía años que utilizaba el mismo minúsculo compartimento de cuero negro con dos cremalleras, para los billetes y para las monedas, pero en los últimos tiempos estaba demasiado vacío. Más ahora, con el billete de tren recién comprado...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrió la cremallera de los billetes en busca de algún resto utilizable y se encontró con uno de 10 euros. Insuficiente. Llevó la mirada hasta la etiqueta que colgaba acusadora de una de las mangas de la camiseta. 20 euros. Rebuscó por la sección de monedas en busca del complemento último, porque por ahora estaba prohibido seguir haciendo uso de la tarjeta de crédito, y se encontró con más de lo que recordaba llevar encima: 12 euros con 67 entre monedas de 2 euros y céntimos de los que se te escurren entre los dedos. Con una sonrisa de satisfacción, de esas que sólo se mantienen en los días de consumismo desenfrenado, entró en la tienda. Se probó la camiseta, pero aunque no le hubiese quedado bien, que le quedaba, se la hubiese llevado; cuando decides comprar algo en estos días simplemente lo haces, da igual que sea útil, que puedas pagártelo o que te favorezca. Lo quieres, lo compras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La puerta de casa chirrió al abrirse de par en par, sonido al que se unió el maullido un Thom hambriento. Debería haber nacido perro en lugar de gato, porque su forma de hacer la fiesta cuando volvía a casa era digna de la raza canina. Los gatos suelen ser más calmados, te miran con los ojillos adormecidos tras unos párpados entrecerrados desde su lugar en el sofá y te dejan hacer, soltar las bolsas, lavarte las manos, cambiarte de ropa, hacerte algo de comer y sentarte a su lado en el sofá sin el más mínimo interés. Un perro mete el morro por la puerta de entrada en cuanto abres la primera rendija de milímetros, no deja de ponerle las patas encima, olisqueando entre las cosas que traes, ladrándote desesperado para que juegues con él y dejes para después inmediatamente todo lo que traías pensado...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Thom se escurría hacia el descansillo del ascensor en cuando sonaba la llave en la cerradura, saltaba sobre las bolsas del supermercado, o de cualquiera que fuese la tienda, o simplemente en busca de enganchar sus garritas en el bolso, o en su defecto en la ropa. Thom se encaramaba a la cama para hacerte compañía durante el cambio de ropa, tratabe de meterse de bruces en el lavabo mientras te lavabas, saltaba dentro de la bañera durante una ducha cualquiera, metía el hocico en la sartén hirviendo y trotaba junto a los pies buscando compañía en sus juegos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese día estaba hambriento. Demasiada juerga la noche anterior, correteando tras la pelota de ping pong verde a las tantas de la madrugada. Suerte que no había vecinos abajo, porque les hubiese hecho una ilusión... La misma que le hizo a Kas, que trataba de dormir y el eterno 'toc toc toc' no la dejaba ni cerrar los ojos. Aunque bueno, era mejor el momento pelota que el momento comepiés, porque daba igual la cantidad de ropa que hubiese echada en el sofá, sus pequeños dientecitos afilados llegaban a los pies, las piernas y cualquier parte del cuerpo que osase moverse un milímetro. Juguetes con vida propia sobre los que quedarse dormido cuando ya dejaban de moverse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tanto ejercicio le debía haber abierto el apetito, porque no quedaba ni una croqueta en el bol azul. El agua, como siempre, tenía unas cuantas parcialmente disueltas. Kas cogió el bol del agua y lo limpió antes de echarle agua fresca y limpia para que Thom bebiese; luego abrió la puerta inferior del mueble de la cocina, buscó el paquete de croquetas y le llenó el recipiente. De las que le más le gustaban, así que sería mejor si no se atrevía a quejarse como tantas otras veces. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Satisfecho el apetito del compañero de piso, Kas dejó el bolso encima de la mesa y abrió la puerta del único armario de su estudio, la que tenía un espejo colgado por la parte interior. Aflojó los cordones que ceñían el escote de la camiseta que llevaba puesta antes de sacársela por la cabeza con un solo movimiento. Se miró en el espejo con la camiseta todavía atándole los brazos a la altura de la cintura, el pecho descubierto y el cabello ligeramente revuelto. Una de las ventajas de tener un pelo tan liso era que, daba igual el maltrato que sufriese, siempre volvía a su forma alisada con mayor o menor rapidez. Con el pelo a su espalda deshaciendo con suavidad infinita los enredos infundidos por la camiseta, trató de liberarse los brazos, siempre sin quitarse la mirada en el espejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Advirtió el cambio de intensidad en el reflejo de sus ojos, aumentando con cada inhalación, con cada exhalación. Dejó caer la camiseta hasta las muñecas y las levantó poco a poco hasta colocarlas sobre la cabeza, los hombros elevados en consonancia haciendo que los tirantes del sujetador subiesen con ellos. Enmarcado en un sencillo sujetador triangular de color negro, el pecho se juntó en el centro de su torso y la obligó a separar los labios para dejar salir un cálido suspiro. Sin abandonar la postura cerró los ojos, balanceó la cadera y ladeó el rostro, descolgó las muñecas hasta la nuca y se dejó caer hacia delante, hasta que sintió el frío roce del espejo en el pecho. Miró entonces su reflejo y vio tanto deseo en aquella mirada azul que abrió totalmente la puerta del armario con la punta del zapato y se dejó caer en el sofá, aún convertido en cama porque esa mañana le había dado excesiva pereza rehacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se desperezó con sensualidad a la vez que se desplazaba por la cama con cada estiramiento, buscando la postura exacta en la que vería gran parte de su cuerpo en el espejo. Con los brazos aún atrapados por la camiseta, los cordones del escote mezclándose con su cabello ahora revuelto sobre la manta, arqueó la espalda y deslizó la mano izquierda entre los pliegues de la tela en dirección a la libertad del espacio que la conducía hasta el borde de los pantalones, situado justo por debajo del ombligo. Se detuvo unos momentos en la pequeña hendidura, saboreándola con las yemas del dedo índice, antes de desabrochar los tres botones superiores, acariciar la suavidad de la ropa interior y traspasar la segunda barrera de ropa que separaba la piel de sus dedos de la piel de su cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El anular fue el primero en encontrar el fino hilo de cabello que conducía hacia el objeto de su deseo. Aguantó las ansias de cruzar la carretera y permaneció unos instantes acariciando los páramos que rodeaban la línea recta, perfilada con las pinzas; aparcó para más tarde el pensamiento de cambiar la hoja de la cuchilla y descendió con cuidado, sin prisas, hasta la cara interior de los muslos. Una de las zonas más sensibles del cuerpo en la que la más mínima caricia en el momento adecuado hace que se erice todo el cuerpo. Fijó la mirada en el espejo, primero en el rojo aterciopelado de sus labios, luego en el brillo de sus ojos, y por fin encomendó a su mano izquierda la tarea de abrir los labios que no se veían en el espejo, de acariciar la húmeda calidez que precedía el placer más absoluto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Levantó la cadera para, con el movimiento acompasado de las piernas, hacer bajar unos centímetros los pantalones, demasiado ceñidos como para permitir el libre movimiento. El contraste entre el calor de su cuerpo y el aire del exterior, unidos durante un instante por el movimiento, obligó a Kas a hacer un esfuerzo para mantener los ojos abiertos. Quería mirarse en el espejo. Necesitaba ser consciente de lo que realmente buscaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primero uno, con suavidad, acariciando cada milímetro de piel por el que se deslizaba en su profunda incursión; luego dos, tres, con un cariño que sólo ella era capaz de profesarse. Devolvió protagonismo al índice instándole a cambiar de escenario, a trepar unos milímetros en busca de esa zona que tanto ansiaba rozar. Sólo eso. Un simple roce antes de entregarse completamente al éxtasis, las pupilas en sus propias pupilas, con esporádicas visitas a unos labios que cada vez se entreabrían un poco más, que cada vez exhalaban suspiros con mayor participación de la garganta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*********&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kas abrió los párpados para encontrarse con el morro de Thom pegado a su nariz. Buscó el reloj que brillaba sobre la mesa y vio que habían pasado dos horas desde su vuelta a casa: se había quedado dormida. Se desperezó a la vez que Thom se estiraba a su lado cuan largo era y apagó un estornudo inoportuno. No podía volver a resfriarse, no ahora que acababa de salir de un gripazo de órdago, así que se envolvió en la manta y, echándose el cabello a la espalda con el mismo movimiento de cabeza que tantas veces al día repetía, se levantó de la cama y alcanzó la bolsa donde había traído su camiseta nueva.</content>
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    <title>capítulo 1</title>
    <published>2002-11-14T00:15:31Z</published>
    <updated>2002-11-14T00:15:31Z</updated>
    <content type="html">El techo de la habitación seguía teniendo los mismo desconchones, la misma araña se acurrucaba en una de las esquinas. Kassandra se levantó del sofá y se dirigió a la cocina. Tenía hambre. No había comido nada en las últimas 24 horas y su estómago ya empezaba a rebelarse con gruñidos de un volumen que empezaba a ser incordiante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El frigorífico, como cada vez que lo abría, ofrecía una visión material del vacío absoluto: nada. Las puertas de los armarios tampoco mejoraban mucho el panorama, pero finalmente sí encontró algo comestible en una esquina, tras unos cuantos paquetes de pan de molde a medio empezar y a medio desintegrarse. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kas (hay gente que prefiere ser llamada por un nombre más corto o diferente al que consta en el DNI) se puso de puntillas y alargó el ya de por sí largo brazo. La mano describió una parábola sobre los paquetes de pan de molde y aterrizó sobre la tapa de un frasquito de cristal. Dibujó el contorno de la tapa con dos dedos antes de agarrarlo con los cinco y sacarlo a la luz de la bombilla. Porque a las siete de la tarde ya es de noche en esta época del año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salchichas de cocktail. Kas enarcó una ceja al comprobar que la fecha de caducidad aún daba un amplio margen de confianza a los diminutos trozos de carne. La tentación de coger un cuchillo y dividir sus mitades inferiores en 8 fragmentos que continuasen adosados al resto y luego se abriesen como capullos maduros al ser fritos en aceite hirviendo era muy fuerte, pero la pereza de tener que ponerse a cocinar y pringar cacharros era más poderosa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sofá la llamaba lascivamente para que volviese a estirarse sobre él. Vació el contenido del bote en un bol negro y respondió a la llamada, lanzándose de espaldas para sentir cómo los muelles amortiguaban su caída pero la balanceaban durante un rato; como en las camas elásticas que tantas veces había probado en las ferias de pequeña. En la televisión se movían unas figuras chiquititas que debían ser humanos en la vida real, pero que ahora parecían meros dibujos animados, más teniendo como telón de fondo un plató de vivos colores y terrible mobiliario. Mismo adjetivo aplicable a la ropa que vestían tanto presentador como invitados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando alargó los dedos índice y pulgar para hacerse con una de las salchichas se dio cuenta de que debería haberse cortado las uñas. Bueno, tras la próxima ducha lo haría; ahora había que comer algo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mantuvo una salchicha entre los labios y mordió ligeramente la punta interior para saborear el jugo. Intentó que sólo tocasen la carne los dos dientes frontales, pero uno de los incisivos rozó la salchicha y Kas vio las estrellas. Ni siquiera algo tan blando como una pequeña salchicha de cocktail quería entrar en su estómago, pero tenía que hacerlo como fuese, porque no podía pasar más tiempo con el estómago vacío. Ya lo había hecho en el pasado y no, no iba a volver a suceder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con los ojos cerrados y el ceño fruncido se lió a mordiscos con todos los dientes, tratando de hacer caso omiso al dolor y diciéndose que con la próxima que se comiese tendría más cuidado. No, no eran caries. Cuando sus defensas estaban bajas, ya fuese por enfermedad o depresión, los dientes le dolían hasta más no poder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se rascó una ceja y se la recolocó con la uña del dedo meñique. Le dolían los ojos no de llorar, sino del abotargamiento que provoca la fiebre prolongada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[havoc] hola preciosa&lt;br /&gt;[nassak] nas&lt;br /&gt;[havoc] muy aburrida?&lt;br /&gt;[nassak] la fiebre no me deja estarlo&lt;br /&gt;[havoc] yo me voy dentro de 5 minutos&lt;br /&gt;[nassak] vais a donde siempre?&lt;br /&gt;[havoc] sí&lt;br /&gt;[havoc] estaremos en el bananasplit hasta las tantas, pásate&lt;br /&gt;[nassak] ni de coña&lt;br /&gt;[nassak] me voy a arrebujar en la manta akí en el sofá a ver ké bodrio ponen en la tele&lt;br /&gt;[nassak] a ver si se me baja la fiebre de una vez&lt;br /&gt;[havoc] tengo ke peinarme aún&lt;br /&gt;[havoc] ya sabes donde estamos, de todas formas&lt;br /&gt;[nassak] ok&lt;br /&gt;[havoc] si no te vemos hablamos mañana&lt;br /&gt;[nassak] pasadlo bien&lt;br /&gt;[havoc] cuídate&lt;br /&gt;[havok] se te echará de menos ;)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo que echarás de menos es un polvo, imbécil, no a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kassandra se recostó de nuevo en el sofá y se echó la manta sobre el pecho. El portátil que la miraba con su pantalla de 14 pulgadas desde la mesa se quedó quieto. Ningún proceso nuevo, ninguna ventana, ningún parpadeo en la barra de tareas. Normal. Un sábado noche no hay nadie que se quede delante de un monitor cuando se puede salir a pasárselo bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alargó la mano para posar un dedo sobre el touchpad. No es tan incómodo como apuntan muchos, sólo hay que adaptarse a él. Deslizó la yema del dedo corazón por la pequeña superficie hasta que el puntero se colocó justo sobre la X de la ventana, lo levantó y, con un suave toque, cerró la ventana donde acababa de conversar con [havoc]. Carlos. ¿Cuánto llevaban ya? ¿Cuatro, cinco meses? A saber, ni siquiera se había planteado la idea de contarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pasión inicial de un encuentro imprevisto se había tornado con el paso de las semanas en hastío, aunque todo apuntaba a que sólo por su parte. Carlos seguía babeando allá donde pisara. Qué patético. Más sabiendo que sólo estaban juntos por el sexo, porque pocas veces habían mantenido una conversación de más de 2 minutos. Sexo y nada más. ¿Ni siquiera se preocupaba por ella cuando estaba enferma? Pues mejor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A través de la ventana se colaban las luces de una noche de fiesta. Dentro de poco Carlos se reuniría con los demás allí abajo, pero ella se iba a quedar en casa. Tal vez se quedaría en casa eternamente. Ojalá Carlos encontrase a otra tía esta noche y la dejase en paz de una vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con febril desperezo al que su gato respondió con un miau indignado, porque un codo le había importunado el sueño, estiró las piernas al máximo y con ellas los dedos de los pies, que crujieron uno a uno. Luego giró los tobillos para relajarlos y cerró los ojos, pero en el último momento, entre las pestañas, alcanzó a ver un sospechoso parpadeo en la barra de tareas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensó en obviarlo. Tal vez Carlos había retrasado su salida e iba a tratar de convencerla de nuevo para salir con ellos, y la pereza que le daba volver a intercambiar unas frases despegadas con el chico la hundieron más en el sofá. Sin embargo, la curiosidad pudo más que la pereza. Alargó el brazo derecho hasta que el meñique rozó el ratón y pulsó sobre el incesante parpadeo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[sphere] ¿hola?&lt;br /&gt;[nassak] hola&lt;br /&gt;[sphere] parece que no soy el único que se queda hoy en casa&lt;br /&gt;[nassak] ha más gente en el canal&lt;br /&gt;[sphere] pero están away&lt;br /&gt;[nassak] a tanto no llego&lt;br /&gt;[sphere] ¿no estás hablando con nadie más?&lt;br /&gt;[nassak] no&lt;br /&gt;[sphere] ¿viendo la televisión tal vez?&lt;br /&gt;[nassak] no&lt;br /&gt;[sphere] ¿molesto?&lt;br /&gt;[nassak] ...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kas se pasó una mano por la frente: le había vuelto a subir la fiebre. Miró&lt;br /&gt;a Thom hecho un ovillo a su lado, con los ojos entrecerrados, como&lt;br /&gt;invitándola a compartir su sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[nassak] tengo fiebre, sólo kiero dormir&lt;br /&gt;[sphere] la llegada del frío no perdona a nadie, ¿eh?&lt;br /&gt;[nassak] no. pero ahora me ayudarán a entrar en calor un pokillo&lt;br /&gt;[sphere] claro, tu chico se habrá quedado contigo&lt;br /&gt;[nassak] si me consederas zoofílica sí, mi gato se ha kedado conmigo&lt;br /&gt;[nassak] me voy a echar a ver si me baja la fiebre&lt;br /&gt;[sphere] no deberías estar sola teniendo fiebre&lt;br /&gt;[nassak] nadie debería estar solo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dichas estas palabras, Kassandra cerró el programa con un click en el aspa superior derecho y se acostó en el sofá, arrebujándose bajo la manta de viaje azul oscuro que una vez se llevó como souvenir de uno de los tantísimos trenes que su espalda había catado años atrás... El sueño vino a arroparla, un sueño profundo y reparador, de esos que sólo los que están en estado febril reciben. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Thom se desperezó en el brazo del sofá con un maullido mudo. El pelo del lomo se erizó al estirar las patas delanteras y poner las orejas en modo aviador, pero el movimiento duró sólo unos segundos, el tiempo que tardó en acercarse con suavidad, casi de forma invisible gracias a las mullidas almohadillas de sus patitas de gato, al cuerpo de su dueña. Buscó el hueco entre brazos y pecho de Kas y se acurrucó, deslizando las patas delanteras alrededor de su cuello, el morro justo bajo la barbilla.</content>
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    <title>prólogo</title>
    <published>2002-11-14T00:11:30Z</published>
    <updated>2002-11-14T00:11:30Z</updated>
    <content type="html">&amp;gt;&amp;gt;Frío. Demasiado frío para un día tan soleado. La gente lleva manga corta en la calle, es de noche, y aquí estoy yo con más capas que una cebolla. Una camiseta interior, una de manga corta, un jersey, la manta de viaje echada por los hombres y yo sigo tiritando. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;gt;&amp;gt;Siempre quise estar sola. Nunca quise este tipo de soledad.</content>
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