| NaNoWriMo Day #10 |
[11 Nov 2003|01:04am] |
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sleepy |
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Taproot - Poem |
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hmmm hoy no encontré el tiempo necesario para escribir todo lo que quería, pero bueno, al menos unas cuantas palabrejas. en total, 11407. jijiji voy MUY por detrás de lo que debería... a ver si mañana le meto de nuevo el diente al asunto. por cierto, esto apesta xD
( 03d Interlude )
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| NaNoWriMo Day #9 |
[09 Nov 2003|09:52pm] |
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productive |
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Depeche Mode - Walking in my shoes |
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y esto es lo de hoy. 10475 palabras! he superado la barrera de las 10000!!! w007! esto merece una celebración >D un chupito de vodka para la nenaaaaaa
( 03c interlude )
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| NaNoWriMo Day #7 |
[09 Nov 2003|09:40pm] |
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happy |
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Depeche Mode - In Your Room |
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tendría k haber posteao esto hace dos días, pero ya, weno, la perra de mí... guau guau XD
( 03b Interlude )
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| NaNoWriMo Day #6 |
[07 Nov 2003|06:12pm] |
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sick |
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福山雅治 - Sakura Zaka |
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allá va, la primera parte del capítulo 3... a ver si ara me vuelve la inspiración de ayer y avanzo un poquito. argh
( 03 Interlude )
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| argh |
[07 Nov 2003|10:25am] |
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contemplative |
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Adema - Freaking Out |
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argfhs... ayer estaba hiperinspirada escribiendo el tercer cap?tulo, sobre kina, y weno... la verdad, no s? por qu? me extra?o. soy yo al fin y al cabo. me fui a ver la tele a eso de las 22yalgo con 1500 palabras escritas pensando en producir mil m?s un rato despu?s, pero mi cuerpo decidi? que los cojines del sof? estaban perfectamente acoplados a ?l y ya. zZz al cubo hasta altas horas de la madrugada, k ya me fui directamente a sobarla al catre.
luego desde casa pongo esa parte del tercer cap?tulo ya escrita, antes de volver a la marcha. tengo 7555 palabras ya en el bote y me gustar?a hoy pasar de las 10mil. veremos. escribo mejor de noche y esta noche ya he kedado a las 20 con isamari en la puerta de su curro...
bueh
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| NanoWriMo Day 04 |
[04 Nov 2003|11:26pm] |
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creative |
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Smilez & Southstar - Tell Me |
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woooo hoy tb ha sido productivo! dos horitas justas con el hombro aún hecho unos zorros, pero se ha hecho algo. hoy he llegado al final del capítulo dedicado a maría, mañana veremos cómo sigue la cosa. ha sido toda una sorpresa, maría iba reaccionándome ella solita. no esperaba que hiciese ninguna de las dos cosas que me ha hecho. curiosidades...
( 02b Maria )
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| NaNoWrimo Day 03 |
[04 Nov 2003|12:44am] |
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productive |
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Overseer - Meteorology |
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no sé por que me salió el post de antes directamente en inglés o.O misterios de la vida... bueno, el producto de hoy. parece que esto tira más o menos por donde yo quería, aunque ahora tengo unas cositas que descubrir antes de seguir con esto O.o qué curioso es ir escribiendo y ver que tus personajes hacen cosas que no pensabas que iban a hacer y que te descolocan un poco lo poco que ibas sabiendo de ellos y de su relación con la historia XD weno. ya. me voy a descansar el hombro a la camita
( 02 María )
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| nano memo |
[30 Oct 2003|02:34pm] |
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bored |
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Antonio Orozco - Te Esperar? (pegadme, lo merezco! XD seronoserrrrr XDD) |
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una de esas memos k pululan por todas las comunidades nanowrimoeras. pero ?sta est? en espanis XD
nanowrimo [siruveru] GENERAL NaNo ID: silvertfa404953c NaNo desde:septiembre 2002 T?tulo provisional:ninguno, a?n G?nero: i have no idea. N?mero de palabras previstas: 50.000, y ser? todo un logro. si se superan, bonus track xD
INICIO ?Tienes la trama en mente? nu ?Has planeado todas las escenas? ni una XD ?Sabes ya c?mo empezar?? noo ?Y c?mo terminar??menos a?n ?S?bes c?mo llegar al cl?max?hombre, depende de lo k estemos hablando... >D ?Conoces a tus personajes principales? no ?Piensas basarte en tus propias experiencias? norl
TU OBRA SER? ?Divertida? a saber ?Seria?bufff ?Triste?... ?Pseudo-autobiogr?fica?NO! creo k es lo ?nico k tengo m?s o menos claro ?Estar? basada en otra historia?no ?Tendr? influencias de autores o publicaciones de actualidad?er...
?CU?NTO LLEVAS PLANEADO? ?HAS UTILIZADO... un diario en papel? no bol?grafos? no bol?grafos de colores? no el ordenador? no tarjetas clasificadoras?no listas?no formularios para describir la trama? no formularios para describir a los personajes?no Tu enlace favorito sobre escritura:erm Una frase que te quieras incluir:erm... Una escena que quieras incluir: *ahem* Un tema que quieras tratar:pfff Un clich? que quieras evitar:lalala? Un personaje que quieras usar:g?
EL FUTURO ?Crees que podr?s hacerlo?espero ?De hecho, vas a intentar hacerlo? chi... ?Intentar?s publicarlo alg?n d?a? JAJAJAJAJAJJJ ?Qu? pretendes conseguir con este mes de escribir sin parar?dejar atr?s mi writer's block ??gro
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| recordatorio |
[16 Oct 2003|09:58am] |
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working |
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Caf? Quijano - En aqu?l hotel jamaicano |
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esto es m?s un recordatorio para moi-m?me que otra cosa, pero si a alguien le sirve... pues mira, un extra
el programita para mac osx que voy a utilizar se llama CopyWrite y tiene una pinta estupenda
cuando me ponga en el pc usar?, como siempre, el fant?stico metapad y su plugin en finland?s ;P ese familiar uusi tiedosto...
y un generador de nombres la mar de curioso que alguien ha posteado en alguna de esas cmunidades que, conforme se acerca la fecha, empiezan a tener de nuevo un movimiento que desaparece el resto del a?o
algunos nombres que podr?an interesarme: Irhuvy, Ryemm, Osse, Kyadu, Annoru, Icc, Lemake, Vinale, Aixa, Teermi, Ikim, Ysicc, Lmuev, Haina
y es que nunca me han atraido los nombres comunes, ya sean espa?oles o extranjeros. si creas ficci?n, los nombres tienen total libertad para ser tambi?n ficticios.
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| de vuelta |
[14 Oct 2003|01:39pm] |
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curious |
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Depeche Mode - Stripped |
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un a?o m?s vuelve el nanowrimo y, un a?o m?s, intentar? hacer algo m?s que es escribir cuatro tonter?as los dos primeros d?as para luego hartarme de no llegar a ning?n sitio. voy a bajarme un programa especial para el osx que tiene muy buena pinta, el copywrite
veremos si soy capaz de producir algo... a?n tengo unas semanitas para pensar al respecto. tiempo al tiempo. nos vemos el 1 de noviembre :D
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| capítulo 3 |
[14 Nov 2002|02:19am] |
[havoc] dónde te metes? [nassak] me voy [havoc] qué? [nassak] ke me voy [havoc] a dónde? [nassak] lejos [havoc] te invito a cenar mañana en el mejicano, luego dormimos en tu casa, vale? [nassak] te he dicho ke me voy [havoc] pero de qué estás hablando? [nassak] léeme: me largo. lejos [nassak] deja de llamarme, deja de seguirme, deja de acosarme [nassak] no ves ke estoy harta de ti? necesito algo más ke una polla
Kas pulsó el enter sin ser consciente de lo que acababa de escribir. Cuando vio aparecer las palabras sobre el fondo negro de la ventana de conversación se arrepintió, pero sólo una décima de segundo. Era lo que pensaba, así que no debía sentirse mal por decir las cosas a la cara, máxime cuando Carlos nunca se había interesado más que por llevársela a la cama.
[havoc] kassandra
Harta de leerle, desconectó el ordenador de internet arrancando el cable del módem. Bajó la pantalla hasta escuchar el clic que hacía el portátil cada vez que se cerraba y se quedó un buen rato mirando la luz de la pantalla, aún encendida, que se filtraba por las rendijas laterales. Thom maulló somnoliento al verse forzado a buscar un cojín diferente a las piernas de Kas, pues las necesitaba entre sus brazos para acurrucarse en una esquina del sofá y evadirse de todo y de todos durante un buen rato.
*********
-¿Quién es?
-Kas.
-Te abro.
Kas empujó la puerta del portal con el pie y se recostó sobre ella para abrirla completamente. Llevar a Thom en brazos era un engorro, ¿por qué no podía comportarse como un gato normal y corriente, que se queda quieto en su cesta y observa el mundo exterior con cautela? No, Thom t.e.n.í.a. que ir en brazos, no en una cesta. Cierto que no intentaba escaparse, salir corriendo y perderse entre la gente y los coches, pero no dejaba de rebullirse entre los brazos, trepar por los hombros, intentar acomodarse en algún lugar que, por supuesto, sería cómo para él pero no para Kassandra. Una odisea llevarlo hasta casa de Julio, y eso que sólo vivía cinco manzanas más allá.
Antes de dejar que la puerta se cerrase, se detuvo un momento, Thom ya trotando dentro del portal camino del ascensor, y dejó la mirada vagar sobre las casas de Madrid. Podía ver desde el escalón los edificios que, algo más lejos, rodeaban su propio piso, demasiado bajo, demasiado viejo como para ser divisado en sí mismo. Mirando en dirección contraria llegaba la imagen de los altos edificios que pueblan esa zona de Madrid donde ella también había estado trabajando hasta la semana pasada.
No iba a echar nada de menos.
El arco de su pelo trazado bajo las últimas luces del día. Kas giró hacia el ascensor con el sonido de un portazo a sus espaldas, cogió de nuevo a Thom en brazos antes de que se decidiese a investigar escaleras arriba, y pulsó el botón del tercer piso. Thom levantó el morro hasta ponerse nariz con nariz, su forma de demostrar cariño en momentos de estrés. Kas cerró los ojos para sentir en cálido pelo del morro del animal. Curioso que, en una ciudad tan grande, tan llena de gente conocida y desconocida, a quien más fuese a echar de menos fuese a un gato.
-Aquí me traes al pequeño monstruito.
Julio la estaba esperando con la puerta abierta. Nada más verlo, Thom comenzó a ronronear y saltó de los brazos de Kas para lanzarse hacia él. Colocó las patitas delanteras sobre las rodillas de Julio, sacó las uñas y se dispuso a trepar hacia sus brazos. Julio le dejó hacer, consciente de que era su particular saludo.
-¿No podría restregarse contra los tobillos, como hacen todos los gatos?
-Estás hablando de Thom -sonrió Kas-. Ya sabes que no es un gato más.
-Cierto -Julio suspiró mientras abrazaba al pequeño invitado-; me hubiese gustado ver cómo lo criabas cuando era un piojo, porque algo debes haber hecho para que sea como es.
-Tratarlo como a mi compañero de piso.
-Espero que no.
La frase pilló desprevenida a Kas, que se pasó la lengua por los labios antes de mirar a Julio a los ojos y advertir que lo único seco habían sido las palabras. Lo había dicho con cariño, aún había un destello de añoranza en aquellos ojos verdes que una vez habían sido su único espejo...
Kassandra se incorporó y se acercó tanto a Julio que sólo Thom, ronroneando despreocupadamente en brazos de su anfitrión, separaba sus cuerpos. Sus ojos conectaron con tanta fuerza que faltó un chasquido para producir electricidad y allí, entre esas cuatro cavidades de distintos colores, se detuvo el tiempo.
-Te echo de menos.
Podrían haber pasado minutos, segundos o tal vez horas hasta que Kas habló. Quería volver a entrar en aquel piso, rozar con los dedos las paredes de gotelé azulado que una vez también habían sido suyas, compartir la alfombra junto a una copa y brindar, brindar por todo lo que habían compartido y seguirían compartiendo durante toda la eternidad. Porque nada puede borrar lo vivido. Nada ni nadie. Sentimientos que se agolpan en las arterias e impiden fluir la sangre en determinados momentos.
Kas respiró hondo. Obligar a su corazón a latir para poder reaccionar ante la inmensidad que se abría tras la puerta de entrada al tercero C. Julio, recostado sobre el marco opuesto al de las bisagras, la observaba con nostalgia contenida.
-Vete, Kas -la voz en un tono más bajo que cuando la había recibido.
Apretando los puños, Kas se inclinó sobre Thom y depositó un beso entre sus orejas. Alzar la cabeza, cruzar una mirada cargada de sensaciones contenidas y dar la vuelta.
-Te aviso cuando vuelva.
Antes de que se cerraran las puertas del ascensor, Kas sintió los ojos verde oliva de Julio quemándole la espalda. Sentía la imperiosa necesidad de abalanzarse sobre él rememorando otra época, de levantarse la camiseta a la vez que él también lo hacía y sentir piel sobre piel, calidez humana que transmite vida, mientras un beso de fuego hacía hervir los labios. No. Pulsó el botón de la planta baja y giró en el último instante para verle una última vez entre la rendija de las dos puertas. Una última conexión de miradas, una imagen que poder retener durante el tiempo de ausencia.
La calle. Demasiado grande ahora que ya no era suya, ahora que ya nunca volvería a ser suya. La pared del edificio número 37 tenía más desconchones de los que recordaba. Caminó de vuelta a su estudio por las aceras que se hundían bajos sus pies en un recibimiento cordial, el de dar la mano a un conocido que hace timpo no ves. Un paso, dos pasos, tres, veinte, cincuenta y cinco... Correr.
*********
La llave en la cerradura no atrajo a Thom; sólo iban a ser unas horas entre esas cuatro paredes sin la presencia del gato, pero se iban a hacer eternas sin que metiese el morro allá donde Kas fuese a hacer algo. Abrió el armario y sacó la mochila de acampada azul. Julio tenía una igual, pero de color verde.
-No.
Kas sacudió la cabeza para quitarse ese pensamiento que ahora, precisamente ahora, era lo que menos necesitaba. Se marchaba lejos para evadirse de su propia mente, así que había que dejarlo todo encerrado en Madrid, a la espera de su regreso con renovadas fuerzas para imponerse y dejarlo definitivamente enterrado.
Revolvió el armario en busca de lo estrictamente necesario. Se decidió por dos pantalones, además de los puestos, y una falda de lana para evitar congelarse en pleno invierno. También separó varias camisetas y jerseys, mudas de ropa interior, el saco de dormir ultraligero, ultraplegable y ultracaliente que se había permitido con el último sueldo cobrado, y la larga chaqueta negra de pvc que tanto abrigaba.
Toda la ropa de su armario esparcida por el suelo y toda la noche por delante, y parte de la mañana. Podía esperar hasta el día siguiente para hacer la mochila, ahora necesitaba descansar, dejar que Julio se evaporase de su mente mientras ella se dejaba llevar por el sueño más profundo. Dormir. El día siguiente iba a ser el primer día de su vida y quería saludarlo con el mejor aspecto.
Se dejó caer sobre el sofá, todavía abierto de par en par, e insitintivamente buscó a Thom con el brazo. Vacío. Como vacío estaba todo lo que la rodeaba desde hacía demasiado tiempo. Se hizo un ovillo bajo la manta y se abrazó la cintura, los ojos fijos en el techo, dispuesta a lavarse con el sueño.
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| capítulo 2 |
[14 Nov 2002|02:16am] |
El muchacho que atendía a un anciano matrimonio tras el mostrador de la estación ferroviaria no pudo evitar fijarse en la figura que cruzaba las puertas de cristal en ese momento. Debería tener su edad, pero había demasiadas diferencias, además del sexo, como para osar compararse a aquella persona. La citura de la joven se balanceaba al compás de cada zancada, el largo cabello liso color sangre ondeando a su espalda.
-Jovencito -recriminó el hombre tras haber estado esgrimiendo un papel durante algo más de un minuto-, ¿me va a prestar atención?
Iván Manzano, al menos ese era el nombre escrito en su chapa, se diculpó y volvió a centrarse en el matrimonio y su deseo de cambiar el billete para la semana siguiente, pero la mente seguía vigilando de cerca a la chica, que ya hacía cola precisamente en su ventanilla.
Había apoyado el peso del cuerpo sobre la pierna izquierda, la otra ligeramente flexionada, ambas terminadas en botas militares algo raídas. Llevaba unos vaqueros de cintura baja ajustados en la parte superior, pero de pierna algo más ancha. Lo que más llamaba la atención de la mente de Iván era la camiseta que llevaba, negra, de punto ligeramente suelto, con un escote de vértigo que trataban de cerrar unos cordones cruzados en la parte frontal. Debía haber una lazada, pero los cordones descansaban apaciblemente por separado sobre el pecho de la joven.
Y el cabello, ese cabello rojo como la sangre, tan liso que parecía sacado de una escena de película asiática, más largo de lo que nunca había visto. Al cambiar el peso de la pierna izquierda a la derecha, el pelo también se desplazó desde la nuca hasta el inicio del muslo en una onda suave, etérea, casi podría decirse que angelical... si no hubiese sido por el color.
-¿Hola?
El saludo sacó a Iván de su ensoñamiento, pero al parpadear se encontró frente a frente con el rostro del cuerpo que había estado repasando. De rasgos bruscos, pómulos marcados y nariz algo grande, había algo de irresistible en aquella muchacha. Tal vez fuesen los ojos, enmarcados por unas cejas demasiado expresivas. Azules, pero de un azul casi eléctrico que se veía intensificado por la sombra de ojos azul marino. Pero tal vez fuesen los labios, curvados en una sonrisa cómplice que dejaba entrever unos dientes ligeramente imperfectos, cubiertos de una fina capa de color a juego con el pelo, aunque más oscuro.
-¿En qué puedo ayudarla?
Kassandra enarcó las cejas al ver cómo el chico parpadeaba nervioso y se recolocaba la camisa.
*********
even though you may sleep in the same bed even though you may be interlocked at the elbows and the knees even though your lips may touch even though you dream of each other EVERYONE SLEEPS ALONE
Interesantes palabras cargadas de significado estampadas de forma aséptica sobre una camiseta de cuello abierto y manga larga. Púrpura sobre negro, una combinación oscura pero fácil de distinguir gracias al tenue uso de la purpurina sobre cada una de las letras. Minúsculas, salvo la última afirmación.
Otras prendas se esparcían a lo largo y ancho del escaparate, donde no había ningún maniquí. Pantalones vaqueros, más camisetas, chaquetas, cinturones y un sinfín de complementos de la más absoluta vulgaridad que daban aún más vigor a la camiseta sobre la que Kassandra había posado sus ojos de océano luminoso.
Rebuscó en el bolso que colgaba de su hombro izquierdo en busca del monedero, pero sus dedos toparon con un trozo rectangular de papel plastificado antes de llegar hasta él. Un escalofrío recorrió su espina dorsal en sentido ascendente, hasta erizar los cabellos de la nuca, porque dentro de aquel envoltorio se encontraba la llave de su libertad: papeles grapados con su nombre en letras de imprenta, un pasaporte hacia el anonimato de la tremenda Europa que, por ser vasta e insondable en tan sólo 4 semanas, proporcionaba el ambiente necesario. Para recuperar el espíritu del que tan orgullosa se había sentido durante sus 25 años de existencia.
Ausencia de reencuentro, emoción anticipada que ahora se plasmaba en una simple camiseta. Kassandra soltó el envoltorio y siguió en busca del monedero. Hacía años que utilizaba el mismo minúsculo compartimento de cuero negro con dos cremalleras, para los billetes y para las monedas, pero en los últimos tiempos estaba demasiado vacío. Más ahora, con el billete de tren recién comprado...
Abrió la cremallera de los billetes en busca de algún resto utilizable y se encontró con uno de 10 euros. Insuficiente. Llevó la mirada hasta la etiqueta que colgaba acusadora de una de las mangas de la camiseta. 20 euros. Rebuscó por la sección de monedas en busca del complemento último, porque por ahora estaba prohibido seguir haciendo uso de la tarjeta de crédito, y se encontró con más de lo que recordaba llevar encima: 12 euros con 67 entre monedas de 2 euros y céntimos de los que se te escurren entre los dedos. Con una sonrisa de satisfacción, de esas que sólo se mantienen en los días de consumismo desenfrenado, entró en la tienda. Se probó la camiseta, pero aunque no le hubiese quedado bien, que le quedaba, se la hubiese llevado; cuando decides comprar algo en estos días simplemente lo haces, da igual que sea útil, que puedas pagártelo o que te favorezca. Lo quieres, lo compras.
La puerta de casa chirrió al abrirse de par en par, sonido al que se unió el maullido un Thom hambriento. Debería haber nacido perro en lugar de gato, porque su forma de hacer la fiesta cuando volvía a casa era digna de la raza canina. Los gatos suelen ser más calmados, te miran con los ojillos adormecidos tras unos párpados entrecerrados desde su lugar en el sofá y te dejan hacer, soltar las bolsas, lavarte las manos, cambiarte de ropa, hacerte algo de comer y sentarte a su lado en el sofá sin el más mínimo interés. Un perro mete el morro por la puerta de entrada en cuanto abres la primera rendija de milímetros, no deja de ponerle las patas encima, olisqueando entre las cosas que traes, ladrándote desesperado para que juegues con él y dejes para después inmediatamente todo lo que traías pensado...
Thom se escurría hacia el descansillo del ascensor en cuando sonaba la llave en la cerradura, saltaba sobre las bolsas del supermercado, o de cualquiera que fuese la tienda, o simplemente en busca de enganchar sus garritas en el bolso, o en su defecto en la ropa. Thom se encaramaba a la cama para hacerte compañía durante el cambio de ropa, tratabe de meterse de bruces en el lavabo mientras te lavabas, saltaba dentro de la bañera durante una ducha cualquiera, metía el hocico en la sartén hirviendo y trotaba junto a los pies buscando compañía en sus juegos.
Ese día estaba hambriento. Demasiada juerga la noche anterior, correteando tras la pelota de ping pong verde a las tantas de la madrugada. Suerte que no había vecinos abajo, porque les hubiese hecho una ilusión... La misma que le hizo a Kas, que trataba de dormir y el eterno 'toc toc toc' no la dejaba ni cerrar los ojos. Aunque bueno, era mejor el momento pelota que el momento comepiés, porque daba igual la cantidad de ropa que hubiese echada en el sofá, sus pequeños dientecitos afilados llegaban a los pies, las piernas y cualquier parte del cuerpo que osase moverse un milímetro. Juguetes con vida propia sobre los que quedarse dormido cuando ya dejaban de moverse.
Tanto ejercicio le debía haber abierto el apetito, porque no quedaba ni una croqueta en el bol azul. El agua, como siempre, tenía unas cuantas parcialmente disueltas. Kas cogió el bol del agua y lo limpió antes de echarle agua fresca y limpia para que Thom bebiese; luego abrió la puerta inferior del mueble de la cocina, buscó el paquete de croquetas y le llenó el recipiente. De las que le más le gustaban, así que sería mejor si no se atrevía a quejarse como tantas otras veces.
Satisfecho el apetito del compañero de piso, Kas dejó el bolso encima de la mesa y abrió la puerta del único armario de su estudio, la que tenía un espejo colgado por la parte interior. Aflojó los cordones que ceñían el escote de la camiseta que llevaba puesta antes de sacársela por la cabeza con un solo movimiento. Se miró en el espejo con la camiseta todavía atándole los brazos a la altura de la cintura, el pecho descubierto y el cabello ligeramente revuelto. Una de las ventajas de tener un pelo tan liso era que, daba igual el maltrato que sufriese, siempre volvía a su forma alisada con mayor o menor rapidez. Con el pelo a su espalda deshaciendo con suavidad infinita los enredos infundidos por la camiseta, trató de liberarse los brazos, siempre sin quitarse la mirada en el espejo.
Advirtió el cambio de intensidad en el reflejo de sus ojos, aumentando con cada inhalación, con cada exhalación. Dejó caer la camiseta hasta las muñecas y las levantó poco a poco hasta colocarlas sobre la cabeza, los hombros elevados en consonancia haciendo que los tirantes del sujetador subiesen con ellos. Enmarcado en un sencillo sujetador triangular de color negro, el pecho se juntó en el centro de su torso y la obligó a separar los labios para dejar salir un cálido suspiro. Sin abandonar la postura cerró los ojos, balanceó la cadera y ladeó el rostro, descolgó las muñecas hasta la nuca y se dejó caer hacia delante, hasta que sintió el frío roce del espejo en el pecho. Miró entonces su reflejo y vio tanto deseo en aquella mirada azul que abrió totalmente la puerta del armario con la punta del zapato y se dejó caer en el sofá, aún convertido en cama porque esa mañana le había dado excesiva pereza rehacerlo.
Se desperezó con sensualidad a la vez que se desplazaba por la cama con cada estiramiento, buscando la postura exacta en la que vería gran parte de su cuerpo en el espejo. Con los brazos aún atrapados por la camiseta, los cordones del escote mezclándose con su cabello ahora revuelto sobre la manta, arqueó la espalda y deslizó la mano izquierda entre los pliegues de la tela en dirección a la libertad del espacio que la conducía hasta el borde de los pantalones, situado justo por debajo del ombligo. Se detuvo unos momentos en la pequeña hendidura, saboreándola con las yemas del dedo índice, antes de desabrochar los tres botones superiores, acariciar la suavidad de la ropa interior y traspasar la segunda barrera de ropa que separaba la piel de sus dedos de la piel de su cuerpo.
El anular fue el primero en encontrar el fino hilo de cabello que conducía hacia el objeto de su deseo. Aguantó las ansias de cruzar la carretera y permaneció unos instantes acariciando los páramos que rodeaban la línea recta, perfilada con las pinzas; aparcó para más tarde el pensamiento de cambiar la hoja de la cuchilla y descendió con cuidado, sin prisas, hasta la cara interior de los muslos. Una de las zonas más sensibles del cuerpo en la que la más mínima caricia en el momento adecuado hace que se erice todo el cuerpo. Fijó la mirada en el espejo, primero en el rojo aterciopelado de sus labios, luego en el brillo de sus ojos, y por fin encomendó a su mano izquierda la tarea de abrir los labios que no se veían en el espejo, de acariciar la húmeda calidez que precedía el placer más absoluto.
Levantó la cadera para, con el movimiento acompasado de las piernas, hacer bajar unos centímetros los pantalones, demasiado ceñidos como para permitir el libre movimiento. El contraste entre el calor de su cuerpo y el aire del exterior, unidos durante un instante por el movimiento, obligó a Kas a hacer un esfuerzo para mantener los ojos abiertos. Quería mirarse en el espejo. Necesitaba ser consciente de lo que realmente buscaba.
Primero uno, con suavidad, acariciando cada milímetro de piel por el que se deslizaba en su profunda incursión; luego dos, tres, con un cariño que sólo ella era capaz de profesarse. Devolvió protagonismo al índice instándole a cambiar de escenario, a trepar unos milímetros en busca de esa zona que tanto ansiaba rozar. Sólo eso. Un simple roce antes de entregarse completamente al éxtasis, las pupilas en sus propias pupilas, con esporádicas visitas a unos labios que cada vez se entreabrían un poco más, que cada vez exhalaban suspiros con mayor participación de la garganta.
*********
Kas abrió los párpados para encontrarse con el morro de Thom pegado a su nariz. Buscó el reloj que brillaba sobre la mesa y vio que habían pasado dos horas desde su vuelta a casa: se había quedado dormida. Se desperezó a la vez que Thom se estiraba a su lado cuan largo era y apagó un estornudo inoportuno. No podía volver a resfriarse, no ahora que acababa de salir de un gripazo de órdago, así que se envolvió en la manta y, echándose el cabello a la espalda con el mismo movimiento de cabeza que tantas veces al día repetía, se levantó de la cama y alcanzó la bolsa donde había traído su camiseta nueva.
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| capítulo 1 |
[14 Nov 2002|02:13am] |
El techo de la habitación seguía teniendo los mismo desconchones, la misma araña se acurrucaba en una de las esquinas. Kassandra se levantó del sofá y se dirigió a la cocina. Tenía hambre. No había comido nada en las últimas 24 horas y su estómago ya empezaba a rebelarse con gruñidos de un volumen que empezaba a ser incordiante.
El frigorífico, como cada vez que lo abría, ofrecía una visión material del vacío absoluto: nada. Las puertas de los armarios tampoco mejoraban mucho el panorama, pero finalmente sí encontró algo comestible en una esquina, tras unos cuantos paquetes de pan de molde a medio empezar y a medio desintegrarse.
Kas (hay gente que prefiere ser llamada por un nombre más corto o diferente al que consta en el DNI) se puso de puntillas y alargó el ya de por sí largo brazo. La mano describió una parábola sobre los paquetes de pan de molde y aterrizó sobre la tapa de un frasquito de cristal. Dibujó el contorno de la tapa con dos dedos antes de agarrarlo con los cinco y sacarlo a la luz de la bombilla. Porque a las siete de la tarde ya es de noche en esta época del año.
Salchichas de cocktail. Kas enarcó una ceja al comprobar que la fecha de caducidad aún daba un amplio margen de confianza a los diminutos trozos de carne. La tentación de coger un cuchillo y dividir sus mitades inferiores en 8 fragmentos que continuasen adosados al resto y luego se abriesen como capullos maduros al ser fritos en aceite hirviendo era muy fuerte, pero la pereza de tener que ponerse a cocinar y pringar cacharros era más poderosa.
El sofá la llamaba lascivamente para que volviese a estirarse sobre él. Vació el contenido del bote en un bol negro y respondió a la llamada, lanzándose de espaldas para sentir cómo los muelles amortiguaban su caída pero la balanceaban durante un rato; como en las camas elásticas que tantas veces había probado en las ferias de pequeña. En la televisión se movían unas figuras chiquititas que debían ser humanos en la vida real, pero que ahora parecían meros dibujos animados, más teniendo como telón de fondo un plató de vivos colores y terrible mobiliario. Mismo adjetivo aplicable a la ropa que vestían tanto presentador como invitados.
Cuando alargó los dedos índice y pulgar para hacerse con una de las salchichas se dio cuenta de que debería haberse cortado las uñas. Bueno, tras la próxima ducha lo haría; ahora había que comer algo.
Mantuvo una salchicha entre los labios y mordió ligeramente la punta interior para saborear el jugo. Intentó que sólo tocasen la carne los dos dientes frontales, pero uno de los incisivos rozó la salchicha y Kas vio las estrellas. Ni siquiera algo tan blando como una pequeña salchicha de cocktail quería entrar en su estómago, pero tenía que hacerlo como fuese, porque no podía pasar más tiempo con el estómago vacío. Ya lo había hecho en el pasado y no, no iba a volver a suceder.
Con los ojos cerrados y el ceño fruncido se lió a mordiscos con todos los dientes, tratando de hacer caso omiso al dolor y diciéndose que con la próxima que se comiese tendría más cuidado. No, no eran caries. Cuando sus defensas estaban bajas, ya fuese por enfermedad o depresión, los dientes le dolían hasta más no poder.
Se rascó una ceja y se la recolocó con la uña del dedo meñique. Le dolían los ojos no de llorar, sino del abotargamiento que provoca la fiebre prolongada.
[havoc] hola preciosa [nassak] nas [havoc] muy aburrida? [nassak] la fiebre no me deja estarlo [havoc] yo me voy dentro de 5 minutos [nassak] vais a donde siempre? [havoc] sí [havoc] estaremos en el bananasplit hasta las tantas, pásate [nassak] ni de coña [nassak] me voy a arrebujar en la manta akí en el sofá a ver ké bodrio ponen en la tele [nassak] a ver si se me baja la fiebre de una vez [havoc] tengo ke peinarme aún [havoc] ya sabes donde estamos, de todas formas [nassak] ok [havoc] si no te vemos hablamos mañana [nassak] pasadlo bien [havoc] cuídate [havok] se te echará de menos ;)
-Lo que echarás de menos es un polvo, imbécil, no a mí.
Kassandra se recostó de nuevo en el sofá y se echó la manta sobre el pecho. El portátil que la miraba con su pantalla de 14 pulgadas desde la mesa se quedó quieto. Ningún proceso nuevo, ninguna ventana, ningún parpadeo en la barra de tareas. Normal. Un sábado noche no hay nadie que se quede delante de un monitor cuando se puede salir a pasárselo bien.
Alargó la mano para posar un dedo sobre el touchpad. No es tan incómodo como apuntan muchos, sólo hay que adaptarse a él. Deslizó la yema del dedo corazón por la pequeña superficie hasta que el puntero se colocó justo sobre la X de la ventana, lo levantó y, con un suave toque, cerró la ventana donde acababa de conversar con [havoc]. Carlos. ¿Cuánto llevaban ya? ¿Cuatro, cinco meses? A saber, ni siquiera se había planteado la idea de contarlo.
La pasión inicial de un encuentro imprevisto se había tornado con el paso de las semanas en hastío, aunque todo apuntaba a que sólo por su parte. Carlos seguía babeando allá donde pisara. Qué patético. Más sabiendo que sólo estaban juntos por el sexo, porque pocas veces habían mantenido una conversación de más de 2 minutos. Sexo y nada más. ¿Ni siquiera se preocupaba por ella cuando estaba enferma? Pues mejor.
A través de la ventana se colaban las luces de una noche de fiesta. Dentro de poco Carlos se reuniría con los demás allí abajo, pero ella se iba a quedar en casa. Tal vez se quedaría en casa eternamente. Ojalá Carlos encontrase a otra tía esta noche y la dejase en paz de una vez.
Con febril desperezo al que su gato respondió con un miau indignado, porque un codo le había importunado el sueño, estiró las piernas al máximo y con ellas los dedos de los pies, que crujieron uno a uno. Luego giró los tobillos para relajarlos y cerró los ojos, pero en el último momento, entre las pestañas, alcanzó a ver un sospechoso parpadeo en la barra de tareas.
Pensó en obviarlo. Tal vez Carlos había retrasado su salida e iba a tratar de convencerla de nuevo para salir con ellos, y la pereza que le daba volver a intercambiar unas frases despegadas con el chico la hundieron más en el sofá. Sin embargo, la curiosidad pudo más que la pereza. Alargó el brazo derecho hasta que el meñique rozó el ratón y pulsó sobre el incesante parpadeo.
[sphere] ¿hola? [nassak] hola [sphere] parece que no soy el único que se queda hoy en casa [nassak] ha más gente en el canal [sphere] pero están away [nassak] a tanto no llego [sphere] ¿no estás hablando con nadie más? [nassak] no [sphere] ¿viendo la televisión tal vez? [nassak] no [sphere] ¿molesto? [nassak] ...
Kas se pasó una mano por la frente: le había vuelto a subir la fiebre. Miró a Thom hecho un ovillo a su lado, con los ojos entrecerrados, como invitándola a compartir su sueño.
[nassak] tengo fiebre, sólo kiero dormir [sphere] la llegada del frío no perdona a nadie, ¿eh? [nassak] no. pero ahora me ayudarán a entrar en calor un pokillo [sphere] claro, tu chico se habrá quedado contigo [nassak] si me consederas zoofílica sí, mi gato se ha kedado conmigo [nassak] me voy a echar a ver si me baja la fiebre [sphere] no deberías estar sola teniendo fiebre [nassak] nadie debería estar solo
Dichas estas palabras, Kassandra cerró el programa con un click en el aspa superior derecho y se acostó en el sofá, arrebujándose bajo la manta de viaje azul oscuro que una vez se llevó como souvenir de uno de los tantísimos trenes que su espalda había catado años atrás... El sueño vino a arroparla, un sueño profundo y reparador, de esos que sólo los que están en estado febril reciben.
Thom se desperezó en el brazo del sofá con un maullido mudo. El pelo del lomo se erizó al estirar las patas delanteras y poner las orejas en modo aviador, pero el movimiento duró sólo unos segundos, el tiempo que tardó en acercarse con suavidad, casi de forma invisible gracias a las mullidas almohadillas de sus patitas de gato, al cuerpo de su dueña. Buscó el hueco entre brazos y pecho de Kas y se acurrucó, deslizando las patas delanteras alrededor de su cuello, el morro justo bajo la barbilla.
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| prólogo |
[14 Nov 2002|02:10am] |
>>Frío. Demasiado frío para un día tan soleado. La gente lleva manga corta en la calle, es de noche, y aquí estoy yo con más capas que una cebolla. Una camiseta interior, una de manga corta, un jersey, la manta de viaje echada por los hombres y yo sigo tiritando.
>>Siempre quise estar sola. Nunca quise este tipo de soledad.
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